En los medios de comunicación nacional acaba de anunciarse la emisión de una nueva condena contra la República Dominicana, de parte de un tribunal internacional de derechos humanos, nada más y nada menos que por la muerte de unos siete (7) inmigrantes ilegales haitianos que viajaban en un camión desde la línea noroeste.
 
Llama mucho la atención el hecho de que ya son varias las sentencias internacionales las que se han emitido sobre el mismo tema, y todavía el estado dominicano no adopta las disposiciones correspondientes para cumplir o recurrir las mismas, porque esa inercia aparente puede interpretarse como una aquiescencia a los motivadores de la demanda.
 
Personalmente creo, que el respeto a los derechos humanos no debe tener color, credo ni  nacionalidad, por tanto es condenable la actitud de los funcionarios civiles o militares que arrastran al estado Dominicano hacia una condena internacional de esa naturaleza, solo porque en su concepto particular, ellos son amos y señores del coto donde ejercen una función delegada por el gobierno central.
 
No es posible que sigamos pagando los platos que rompen los funcionarios irresponsables, ya que quién arrastra al pueblo y estado dominicano hacia una demanda internacional también debiera ser juzgado en el territorio nacional por ineptitud o por todos los cargos que acarreen esos comportamientos violatorios a nuestra propia soberanía nacional.
 
Ahora bien, no pretendo que nuestros mandatarios sean tolerantes ni genuflexos a la hora de hacer cumplir nuestras legislaciones en materia de migración, y mucho menos busco justificar los actos delictivos que cometen  los inmigrantes ilegales que se aventuran en nuestro territorio, sino hacer notar que nuestro país debe levantar alta la frente ante tales condenas internacionales.
 
Pues  si bien es cierto que esos monigotes oficiales que tenemos, cometen sus excesos, no es menos cierto que los tribunales extranjeros emisores de tales sentencias no obedecen a la ley y al derecho, porque no miden con la misma vara a los violadores pobres y a los violadores ricos, pues si fuera así, cuantas sentencias no hubieran contra los Estados Unidos de Norte América…?