En Egipto, los líderes de la plaza Tharir abandonan el Consejo de Gobierno ante los incumplimientos de sus demandas y las nuevas protestas son reprimidas. La primavera de Tharir pasó.

 

Las represiones y muertes en Arabia Saudita, Bahrein, Yemen y  Siria en la que murieron y encarcelaron a tantos civiles han quedado edulcoradas.

 

El rasero con que se han medido estos países no ha sido el mismo usado en Libia. Allí se alentó la división del ejército y del país. Y Gaddafi aparece como dictador infernal ante los Ben Alí, los Mubarak o la sarta de príncipes del golfo, mimados y protegidos como demócratas.

 

La resolución 1973 de la ONU lo condena todo, y ordena:

 

a) Alto al fuego, b) fin de violación y ataques a civiles, c) cumplir del derecho internacional humanitario y de refugiados, d) exclusión espacio aéreo libio para proteger civiles, e) no ocupación o desembarque en territorio libio.

 

Fuerza aérea y blindados libios destruidos por los bombardeos. Solo quedan los  enfrentamientos entre las dos facciones militares libias. Si se abandonan a su suerte gana Gaddafi, que tiene mayor apoyo.

 

El objetivo ahora es político, su derrocamiento más allá de la resolución 1973. Dicha resolución y su

aplicación práctica es una advertencia a las naciones pequeñas. Su supervivencia como naciones pende de la discrecionalidad de un grupo de naciones poderosas, que actuando en función de sus intereses económicos y políticos, dispone de sus soberanías y ahora con unos derechos humanos reclamados según las conveniencias.

 

Fuente:www.perspectivaciudadana.com