Todos los pueblos construyen  su acervo histórico cultural, por medio de un amplio legado de tradiciones, hechos, personajes y leyendas que descubren sus verdaderas raíces sociológicas  que a la vez conforman la verdadera identidad de esos conglomerados sociales.
 
Esa reunión de tradiciones, hechos y leyendas se convierten en lo que se llama la “Memoria Histórica” de cada pueblo, y entre esos hechos, personajes y leyendas se destacan aquellos que sirvieron de origen al carácter nacional, a los esquemas sociales y filosóficos  que dan identidad a un pueblo como nación.
 
Partiendo de esa visión es que vislumbramos al pueblo y nación dominicana, la cual, siendo una mezcla racial afro-euro-americana,  presentamos características muy especiales que distinguen nuestra idiosincrasia y nuestros orígenes históricos, que reunidos en un solo esquema resumen nuestro propio acervo histórico-cultural desde Enriquillo, pasando por Juan Pablo Duarte y los Trinitarios; Gregorio Luperón y los Restauradores, hasta Gregorio Urbano Guilbert y los Gavilleros o Juan Bosch, Manolo Tavárez, Las Mirabal y Francis Caamaño.
 
Recogiendo esos nombres, y siguiendo las trayectorias de los individuos, nos hacemos una idea de cuál ha sido la trayectoria del pueblo Dominicano, su historia y sus sentimientos, pero cuando esos sentimientos, y la historia que esos individuos representan, pretende ser opacada o borrada de la memoria de los anales históricos y del acceso a las nuevas generaciones, nos encontramos ante un proceso regresionista en el  que intereses foráneos pretenden influir en las ideas y los sentimientos de los dominicanos en el interés de que estos olviden su propia historia.
 
Esa apreciación se puede recoger en el reciente escarceo puesto en marcha con el  llamado análisis del ADN de los restos del Coronel Caamaño, porque con eso al parecer se pretende restarle importancia a los hechos históricos que este protagonizó en 1965 y 1973.