En todos los lugares e instituciones que agrupan personas no es sorprendente encontrar determinadas emociones y ambiciones humanas propias de la especie.
 
Lo que llama la atención, es que la sociedad Civil, organizaciones campesinas, grupos religiosos  y otras  organizaciones sin fines de lucros y que supuestamente buscan el bien común en lo espiritual y lo material,  Extrañamente en esos pequeños grupos surgen  unas  guerritas intestinas que parecen una especie de cruzada  en miniaturas que en nada difieren del poder partidario.
 
Ese mismo poder, que socava y oprime el poder que necesitan algunos para sentirse importantes y valorados;   es el que pocos se niegan a renunciar, y por el que cometen las mismas vilezas, hacen las mismas trampas, y se apandillan, en tendencias, como en cualquier partido.
 
Sorprende  la doblez, la maldad, la incomprensión, la intolerancia, la crueldad, la envidia y la codicia, la sed de poder y la manipulación que muchos no quieren admitir; pero que la  disfrazan de celo por el evangelio; Cuando más bien son  cuestiones de orden humana, pero que la  gente se empeña en confundirla con el cristianismo.