En Puerto Príncipe, Haití,  las lluvias ahora no son bienvenidas. Las lluvias se tienen como sinónimos de abundancia, de crecimiento. De ahí que escuchemos lluvia de bendición, lluvia de ideas,  lluvia de maldición, lluvia de corrupción, lluvia de babas, lluvia de robos, lluvia ácida,  lluvia de ladrones, y cien mil clases de lluvias.

 

Dentro de esas cien mil clases de lluvias también existe la lluvia de información desde los diferentes medios de comunicación llámese periódicos, radio, televisión. Internet, revistas, otros.

 

No siempre es temporada de lluvias. Nuestros campesinos, sin ser meteorólogos conocen casi con certeza cuando empiezan los meses de lluvia. Acuérdense que se habla de las lluvias de mayo…las lluvias de antes de sembrar, las lluvias de las cabañuelas, en fin.

 

Las campañas electorales son propicias para una buena temporada de lluvias de informaciones y desinformaciones. Hay personas especialistas en hacer ese tipo de lluvia. Como especialistas, son capaces de mantener una clase  de lluvia durante mucho tiempo. Lluvias que ahogan, lluvias que asfixian.

 

Durante las campañas electorales llueven los rumores y las desinformaciones por especialistas que las adornan con truenos y relámpagos…si hace falta, entonces llueven granizos. Aplique estas lluvias en las encuestas, juramentaciones, marchas, caminatas y cara a cara.

 

Todo dependerá de los pesos pesados involucrados en los vientos y los flujos y entonces, las lluvias se pueden convertir en torrenciales aguaceros.

 

Felizmente existen paraguas, sombrillas, capotes y ropas impermeables para evitar en algo el ser mojados o salpicados por esa clase de lluvia. O en el mejor de los casos preferimos quedarnos en casa. Hay lluvias…que provocan catarros y recuerden, que las lluvias ácidas queman.