Ahora convoca a evaluación. Mejor así porque nadie la iba a acompañar a las barricadas.
Todo el mundo conocía lo que había en juego. Desasosiego a ver si se consigue algo en mar revuelto. Se desentendió de las 75 diputaciones. Peor aún, ni miraba hacia sus casi 60 alcaldías.
Craso error. Pocos políticos en nuestro país saben lo que representan los gobiernos locales. Los menosprecian. Es parte de nuestro problema.
Pero la dirigencia perredeista sale de su atolondramiento. Han tenido los analistas y la prensa que hacerle ver todo lo que puede y debe hacer como oposición.
Mala cosa. Que haya que estar diciéndole lo que tiene que hacer a gente que alardea de liderazgo, eficiencia y conocimiento.
Pero estar aturdido es una cosa y estar borracho es otra.
Y hay gente a la que el triunfo le lleva a la borrachera.
Y estar borracho, aunque sea de triunfo, tiene de común con el aturdimiento el que a veces no deja ver fríamente las cosas.
Los números están ahí y hablan bien claro.
Y si estar aturdido es malo, estar borracho podría ser peor.
Fuente: www.perspectivaciudadana.com