Estamos prácticamente en la última semana del año. Es como el atardecer del 2012 con sus claroscuros, en el que hemos tenido fortalezas y debilidades, caídas y errores. Aciertos y equivocaciones.
 
Experiencias vividas que en vez de amilanarnos, nos sirven de estímulo para continuar la lucha por un mejor país, por ser mejores ciudadanos, por una sociedad más educada y justa. Prepararnos más para enfrentar los nuevos retos   si creemos aquello de la calidad en la competitividad.
 
Te vas 2012 y dejas atrás, una estela de preocupaciones debido al aumento de la pobreza y el desempleo en nuestra nación. Te vas 2012 y nos dejas con el amargo sabor de conocer verdades que se nos ocultó por mucho tiempo sobre la realidad de nuestra economía, pobreza y desempleo.
 
Otro año más, en que la impunidad se acrecentó a niveles sorprendentes y en la que llamó la atención no solo de las altas autoridades eclesiásticas de diferentes religiones, sino de diferentes segmentos de nuestra sociedad cansados de soportar tantas injusticias. “Después de tanto soportar las penas de tus desventuras” como escribiera Welo Rivas en su emblemático bolero Cenizas.
 
2012 te vas y nos dejas eso sí, la alegría, la satisfacción de saber que no todo está perdído. Que si bien es cierto que por haber sembrado vientos estamos cosechando tempestades, por igual surgen muchos movimientos juveniles que demandan del gobierno el estricto cumplimiento de las leyes y la no impunidad contra la corrupción.
 
Jóvenes que esperamos con toda las fuerzas de nuestro ser, no cesarán en sus luchas por un mejor país. Movimientos cuyas voces no serán calladas con fundas y cajas de comida, promesas de un empleo, tarjetas de solidaridad, bono gas, bono luz y todas esas parafernalias usadas simplemente para ganar adeptos y serviles.
 
Serviles que al pasar el tiempo, se dan cuenta, despiertan y saben el gran daño que han hecho a la nación. No soy quién para decirles que ya es tarde para arrepentimiento. ¡El daño ha sido demasiado grande!
 
Se ven las huellas, se siente el inmenso vacío, se observan los árboles caídos, las calles y viviendas inundadas, los derrumbes en las laderas por el huracán de corrupción que ha azotado a la nación durante todos estos años.
 
¿Qué no hay esperanzas? ¡Claro que las hay! Por eso se escribe en los periódicos y revistas y se comenta por radio y televisión. El despertar continuará el venidero 2013 al margen o no de partidos políticos.
 
La justicia a veces es tardía, lenta…pero llega! En los años de gloria de  Alberto Fujimori en Perú, nadie podía siquiera imaginar lo que depararía el destino a ese gobernante.
 
Lo mismo puede decirse de Manuel Noriega llamado el Hombre Fuerte de Panamá. ¡Quién lo diría! Hoy son aborrecidos por una gran mayoría de sus mismos pueblos. Si pudieran los escupieran en la cara.
Con estos reclamos que hace la juventud en nuestras calles me sumo entre quienes creen, que República Dominicana jamás volverá a ser la misma.
 
Dentro de mis buenos deseos para todos está, el que no sigamos siendo indiferentes ante los males que agobian la nación. Cada quién en su lugar y en el nivel que le corresponde, puede contribuir a mejorar nuestro país.