Al General Percival me lo presentó un hermano mío y compañero de luchas y sueños de una patria redimida en el ideal trinitario.

 

Me llevó al seno de su hogar para el encuentro. Debo admitir que me causó una sorpresa muy grande conocer un militar tan preclaro, tan comprometido con sus ideas y acciones con las mejores causas nacionales.

 

Un hombre fino en su trato, altamente educado, muy preparado, un gran ejemplo de superación, verlo  es sentir viva la estirpe de los militares constitucionalistas de la Revolución del 1965.

 

Fue inevitable sentir la patria en el corazón, pensar en el compromiso histórico de nuestra generación con la patria duartiana secuestrada por malos dominicanos que llenan de vergüenza la bandera nacional. Luego de ese primer encuentro sucedieron otros. Que conversaciones tan edificantes, tan llena de sentido patriótico y de compromiso con la historia, hombre decente, honrado, valiente y sin lugar a dudas, el destino ya le tiene un lugar reservado en el futuro inmediato de la nación.

 

No nos llamemos a engaños, el pueblo dominicano se esta movilizando sigilosamente, se le siente ideando su porvenir, delineando el camino a seguir, diseñando la patria buena que habrá de surgir. Ahora como nunca la patria llama a sus mejores hijos de todos los rincones del suelo nacional e internacional, reclama con urgencia de la entrega valiente de todos y todas, es la hora del rito de las brasas, llego el momento esperado.

 

A mi amigo, que sepa que él jamás estará solo, el lema sacrosanto de los trinitarios: “Dios, Patria y Libertad”, lo acompaña en cada paso cual escudo glorioso que lo protege de quienes vanamente intentan cercenar una luminosa carrera militar puesta al servicio de la causa dominicana.

 

Cada época tiene sus héroes y heroínas, cada etapa requiere de los valientes, que bueno que se levanta un nuevo valiente que desafía toda conducta impropia sin medir consecuencias personales, que bueno que hay hombres que no aceptan jamás ser vencidos por los miserables que solo apuestan a la indecencia y la falta de decoro.

 

Le quedan grandes las botas de ese General amigo, no mío solo sino de todo el pueblo. Su dignidad rompe record de honorabilidad, un decreto u oficio jamás hará que muera una vida al servicio de un pueblo que esta a la espera.

 

Sepan ustedes quienes ahora sin ningún tapujo usan el poder que el pueblo les da (una parte) y el otro que ustedes usurpan (con los recursos del Estado y su maquinaria represiva), que este pueblo jamás se arrodilla, que hubo un gigante coronel Fernández Domínguez, que juró lealtad al Escudo Nacional, que un Caamaño salvó la deshonra patria y se le paró en dos patas al enemigo invasor, no dejó indefenso al pueblo bueno, lo elevó al cielo infinito de la gloria febrerista y restauradora.

 

Amigo, no tema: “Dios y el pueblo ya te tienen reservado su lugar en el porvenir cercano de esta patria de Duarte y los Trinitarios”.

 

Colaboración de: Rafael Guillen Beltré. Email: [email protected]).