Si los intereses particulares se sobreponen al interés general, la cohesión social, tan necesaria para la convivencia, tiende a  la desintegración. Y ese parece ser el camino que van tomando las sociedades desarrolladas en la presente crisis económica internacional.

 

Vamos para tres años de la quiebra de Lehmann Brothers sin que, a la fecha, se haya enfrentado la causa fundamental del trastorno. Al contrario.

 

Lo que se ha hecho es salvar los bancos al precio del endeudamiento y el déficit fiscal de los estados y del recorte de todas las conquistas sociales que durante todo el siglo XX fueron el motivo de duras confrontaciones políticas, sociales y militares. Y en el caso español acaba de parir un nuevo acuerdo constitucional bajo presión de los mercados y sin el aval “debido” de los representados.

 

Los mercados ya no solo marcan y condicionan las políticas económicas de los estados, sino que ahora también imponen reformas de la constitución política de los países. Y a pesar de la desigualdad y la pobreza creciente en las grandes economías, no se legisla para contener la amenaza de un mercado desbocado, interesado en el despojo a estados y ciudadanos de cuanta riqueza les sea posible obtener.

 

Para tener una idea de la magnitud de lo que ocurre hoy día con este fenómeno mundial, basta con saber, que en el año 2008 los 74 ciudadanos norteamericanos más ricos tenían una renta de trabajo media de US$91 millones de dólares, y que durante el año 2010 pasaron a percibir la friolera de US$518,8 millones de dólares, en promedio. Es decir, la crisis actual ha servido para transferir rentas de toda la sociedad, a los más ricos.

 

El contrato social en que se fundamenta la convivencia local e internacional hace rato que está roto. Y se quiere zurcir sin dar una sola puntada a los mercados que nos abaten. Se conocen las causas, los métodos y los instrumentos que emplean. Pero no se confrontan.

 

¿Hasta cuándo y hasta dónde se podrá estirar más este modelo democrático y neoliberal que nos gastamos?  

 

Ojalá que la paz no sea el próximo recorte.

 

FUENTE: WWW.PERSPECTIVACIUDADANA.COM