Pero relegar a marzo o pasarlo como si tal cosa bien puede ser un error de omisión; de ahí que no andan descaminados quienes proponen alargar aquel período de conmemoraciones a fin de que incluya las efemérides marzo.
En efecto, si el 27 de Febrero proclamamos la Independencia Nacional, no es menos cierto que fue en marzo cuando ésta se concretó.
Marzo debe entrar en nuestro almanaque patriótico con todo lo que representa. Con su nacimiento de Sánchez el día 9; con el enfrentamiento de Fuente del Rodeo el 13 de marzo; con Duarte enfrentado a Santana por razones de táctica y estrategia y lucha de clases; con Azua y su batalla del 19 y con Santiago y su epopeya del 30 de marzo.
Esto es, marzo debe entrar con toda su carga en el almanaque de la construcción de nuestra Historia y nuestra soberanía; y no por meras razones patrioteras o chauvinistas, sino todo lo contrario: por todo lo que representa en términos de pedagogía y de didáctica de nuestra Historia en un momento en que las nociones de soberanía, identidad, independencia… están más desafiadas que nunca y reclaman por tanto de nuevas explicaciones y re-interpretaciones y mucho más enriquecimiento.
Por eso, pienso, no es descabellado que, en vez de un Mes de la Patria, como lo tenemos ahora, la conmemoración se extienda hasta incluir a marzo.
Unos podrán tomarlo para batir su maniqueísmo; otros, para el patrioterismo tradicional. Pero en la escuela, en la academia y en la vida cotidiana la idea de que los fenómenos y sucesos no son cosa de un día, sino de largos y usualmente costosos procesos puede ser muy útil.
Fuente:www.perspectivaciudadana.com