El éxito, la bonanza, le puede surgir a una persona de golpe y porrazo, pero para recibir ambas bondades que se te abren en la vida, hay que tener formación personal, metas y ambiciones, que conjugadas, pueden contribuir hacer crecer y darle basamentación a su futuro. El éxito no nace, se hace, con la continuidad que se le dé a la bonanza obtenida.
Martha Heredia, es una expresión concreta del área autodestructiva que se inserta en jóvenes que no entendieron su ascenso y que piensan que por ser célebres, la sociedad le perdonará sus recovecos y debilidades.
De Martha Heredia se ha escrito y hablado de todo; ha ocupado los titulares de todos los medios de comunicación impresos, digitales, programas de televisión y de radio del país e internacionales ligados a darle seguimiento a los artistas que han cosecha éxitos. Ahora el enfoque de todos ha estado centrado en analizar el desplome personal de una joven con grandes condiciones bucales, que sentó precedentes en el concurso “American Idol” en 2009 y que fue recibida por este, su país, como una heroína, y cómo, luego de llegar, con oportunidades a flor de piel, fue decayendo poco a poco en actitudes deplorables.

Como una medida de reflexión, pienso que uno de los pasos más desacertados de esta muchacha, fue casarse con Vakeró, ya que si ella quería trascender en el área melódica romántica, no era precisamente esa compañía que le podía suministrar insumos a su carrera. Sin desmedro de las condiciones de este cantante urbano, que aunque a mí particularmente no me gusta, no puedo dejar de reconocer que en la población joven, cuenta con un público que le da seguimiento.

Así bajo el influjo comenzó a dejar una estela de vida alocada e irresponsable. Recuérdese que Martha Heredia atropelló a una persona manejando su vehículo y ésta murió. Pudo sortear este accidente, pero ya se comenzaba a notar que las contenciones personales se habían disparado. Luego el show que montó con el caso de violencia doméstica, logrando acaparar la atención del país, cuando hizo caer preso a su esposo Vakeró y qué decir de las audiencias, donde sus relatos y lágrimas conmovieron al estrado compuesto por juezas que mantuvieron la decisión de prisión sin fianzas a este artista. Nunca creí en toda su extensión la acusación de Martha a Vakeró y lo afirma aún más lo que pasó con ella en el viaje que daría a Estados Unidos para luego participar en un festival en Panamá.

A esto se añade que en medio de todo el barullo que creó con la acusación a Vakeró, no fue óbice para encerrarse en una clínica estética, que además de los altos costos que hay que pagar, se corren riesgos personales. De ahí que entiendo, en cierta medida, por qué su desesperación en llevar una carga de droga tipificada como “heroína”, pretendiendo sortear los canales de seguridad que existen en los aeropuertos para detectar esta sustancia.

Por eso, si analizamos a profundidad estos comportamientos, podríamos colegir, que Martha Heredia necesita ayuda psicológica. El éxito le quedó grande y su cerebro no procesó con diafanidad el camino a tomar y tendrá que purgar una condena que entiendo no está en condiciones mentales de soportar y lo peor es, que ahora la justicia, que no tiene la capacidad para llevar al banquillo a los verdadero traficantes, se ensañará con ella, para demostrar, como lo ha hecho con Vakeró, que actúan apegados a los cánones procesales, no importando sus status público. “La Baby”, Martha Heredia, sabrá ahora, que la sociedad que le mimó, es la misma sociedad que la satanizará tal vez por siempre.