Cualquier atleta bien preparado podría llevar a cabo la hazaña de Marcos Díaz y tratar de unir simbólicamente a Oceanía, Asia, África, Europa y América cruzando a nado los estrechos que las separan.

 

Más que en la proeza física, la grandeza del “delfín dominicano”, como lo ha llamado el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, reside en dos aspectos: el primero, haber concebido el plan, lanzarse a conseguirlo y lograrlo; el segundo es, sin embargo, el más importante: conectar su proyecto de atleta con una causa fundamental de la humanidad: el cumplimiento de los Objetivos del Milenio.

 

La crisis económica mundial hace dudar que se vayan a cumplir las metas propuestas para el 2015, entre otras cosas por la consabida tacañería que caracteriza a las grandes potencias cuando no se trata de grandes proyectos y aventuras capitalistas y militares que dejan ventajas de miles y miles de millones de dólares.

 

De ahí que cualquier esfuerzo que se haga, cualquier proyecto que se emprenda y que sirva para reclamar la eliminación de la pobreza, el hambre, el analfabetismo y la falta de salud en el mundo merece el reconocimiento universal.

 

El proyecto de Marcos Díaz es de trascendencia y universal, por tanto, y una demostración para la juventud dominicana y del mundo de que se puede crecer y triunfar promoviendo las grandes causas de la humanidad que no son otras que la solidaridad, la amistad y el respeto entre los pueblos. ¡Bien por Marcos!


Fuente: www.perspectivaciudadana.com