La historia de Puerto Plata ha estado ligada de manera indisoluble a la existencia de Maimón, una comunidad que se localiza al Oeste de esa ciudad, un lugar que desde muy remotos tiempos fue asentamiento de laboriosos grupos sociales, refugio favorito para aborígenes y conquistadores, para libertos y piratas.

Ese enclave territorial y geográfico sirvió de portal de entrada, para los portadores de las antorchas del progreso y la libertad, aquellos que una madrugada de Junio apuntalaron la historia de nuestra nación mancillada, al elevarse por sus montañas y desde allí alcanzar el cielo desafiando el vuelo de las águilas.

Tierra de tainos, nido de riquezas insondables y patrimonio natural de nuestro pueblo, eso es Maimón, una parte envidiable de Puerto Plata, quizás marginada por buitres ambiciosos que sobrevuelan sus riquezas y ambicionan anexarse sus territorios, en medio de una borrasca libertina que oculta el lívido monetario de grupos ajenos insensatos.

Son esas líneas las que describen el via crucis de una comunidad que tanto ha aportado a Puerto Plata, porque muchos son los transeúntes del mundo del saber que son oriundos de esos lares, desde educadores, Médicos, Ingenieros, Sociólogos, economistas, enfermeras, abogados, periodistas y hoteleros de todos los calibres.

Sería injusto atribuirle a Maimón una aureola de paraíso, porque como toda obra humana, esta padece de defectos y no por eso habría que justificar una conducta indigna que le niegue su derecho al progreso, en aras de de particulares intereses.

Por eso Maimón no es solo un nombre; es algo más que huele a historia, desde las rutas de Cofresí y los senderos de aborígenes y conquistadores hasta la húmeda tumba del presidente Salcedo, víctima de intrigas y trapisondas, aquellas que sacrificaron a los inmortales de Junio, y las que amenazan zozobrar las naves del progreso venidero.

Hasta pronto… [email protected]