Los sueños parecen ser la génesis de las grandes hazañas de la humanidad, y aunque muchos descubrimientos y hechos humanos tuvieron como base la casualidad, esta tiene como sustento primigenio  los sueños y la imaginación de los hombres.
 
Es por eso que un grupo de soñadores amparados en sus ideales imaginarios  y aprovechando  las circunstancias del momento, en  el  año 1844 protagonizaron  el acto de alumbramiento  una nueva nación  en el mundo libre, bajo el  nombre de República  Dominicana.
 
Como en todo  parto de la naturaleza, esta no nació con todos los atributos con que sus progenitores la soñaron  y la concibieron imaginariamente, porque amen de ser un feto, quizás prematuro; no se la pudo abrigar con las frazadas de libertad e independencia que los padres  querían quisieron tejer para la hora de su alumbramiento.
 
No obstante, la patria dejó de ser  un sueño para convertirse en una realidad tangible, en la que surgieron soñadores que la cortejaron desde temprana edad, unas veces cargados de pragmatismo y otras veces de idealismo, de manera que la lista de pretendientes se hizo larga hasta llegar a lo que es hoy, un nuevo proyecto presidencial matizado de idealismo y pragmatismo al mismo tiempo.
 
De esa manera habría que catalogar el proyecto presidencial que dentro de poco asumirá la dirección de los destinos nacionales, porque aparte de hacer frente a  los diferentes vicios, desviaciones y aciertos, hay que ver como se materializan los sueños de hacer lo que nunca se hizo…