A todos los románticos
Desde aquel primer Bolero de Pepe Sánchez conocido como Tristezas, allá en la agonía del Siglo XIX, ese género musical ha tenido sus años de gloria y esplendor, y por igual, un tiempo como el mar. Con mareas altas y bajas.
Logra siempre levantar su vuelo como La Gaviota del profesor Bosch. Hombres y mujeres siempre estarán enamorados al embrujo de canciones como: Bésame Mucho, Aquel Amor, Mar y Cielo, Dos Gardenias, Por qué no ha de ser, El Reloj, Inolvidable, también Amar y Vivir, Veinte Años, Evocación, Casita de Campo, cientos, miles de canciones que permanecen en el tiempo.
Artistas de la llamada “Vieja Guardia” Libertad Lamarque, Alberto Beltrán, Leo Marini, Lucho Barrios, Benny Moré, Pedro Infante, Agustín Lara, Pedro Vargas, Elvira Ríos, Toña La Negra, Omara Portuondo, Lucho Gatica, Lino Borges, ¡Cómo olvidar a panchito Riset, Orlando Vallejo, Vicentico Valdéz, Daniel Santos, José Luis Moneró, Lope Balaguer, Celio González, Chelo Silva, Lola Beltrán, Gilberto Monroig, Nélson Pinedo, Miltinho, nuestro Juan Lockward…ay, son tantos!
¡Cientos, miles! De nuestra América y otros países que nos deleitan todavía con el susurro de sus voces cantando boleros.
Otros de más reciente factura respecto a ellos: Orlando Contreras, José Luis Rodriguez, Felipe Pirela, Camboy Estévez, Armando Manzanero, Frank Cruz, Nelson Ned, José José, Javier Solís, Tito Rodriguez y muchos otros pasando por la vieja y nueva trova, que les mentiríamos si no admitimos, que se nos quedan miles de esos cantantes de boleros, hombres y mujeres, sin omitir los dúos y tríos que con sus voces de oro dan calidad y brillo al bolero.
Los Condes, Los Juglares, Trío América, Los Armónicos, Trío Carabela, Los Tres Ases, Dúo Irrizary de Córdoba, Dúo Pérez Rodríguez, Las Hermanas Aguila, Carmela y Rafael, Los Tres Reyes, Los Tres Diamantes y el incomparable Trío Los Panchos.
Dejamos por sentado, que se nos quedan decenas de estas agrupaciones que dan permanencia al bolero.
No, el bolero no morirá nunca. Se equivoca quien pueda pensarlo. El gusto, la apreciación del mismo pasa de generación a generación como se suceden las estaciones desde los comienzos del mundo.
Los abuelos que les encanta. Los hijos que les apasiona, y los nietos que les acompañan, al escuchar boleros quedan extasiados al embrujo de sus letras y música y aprenden a respetar y amar al bolero.
Además, es únicamente al bailar boleros donde el danzante aprende a sentir el calor de la respiración de quien le acompaña y a sentir como suyos, los latidos del corazón del otro.