En las pasadas elecciones muchas fueron las enseñanzas que se desprendieron y altares que se derrumbaron, tanto en el PRD como partido, como en la sociedad dominicana que se entiende posee cánones, leyes adjetivas y sustantivas que fueron creadas para sustentar el desempeño de los/as ciudadanos/as, con el fin de mantener el orden y su cumplimiento, junto a los deberes y derechos que estos códigos de moral y ética plantean.
 
Dentro del PRD se colaron aptitudes reñidas con estos cánones que forman parte del comportamiento que debe asumir un/a dirigente/a político/a frente a un debate abierto en la lucha por el poder político de la nación.
 
Creemos que los niveles de contención que hubo que concertar para poder mantener niveladas las pasiones internas, desbordó los criterios de conciliación que debe asumirse en un proceso electivo, en este caso, para la Presidencia de la República.  Aunque se aplicó un protocolo de integración para lograr zanjar las diferencias internas, luego de la Convenciòn que eligió de manera mayoritaria a Hipòlito Mejía como candidato del PRD, no todos/as  estuvieron dispuestos/as a  entender y asimilar el hecho de que para integrarse todos/as había que deponer actitudes grupales y asumir como válido la candidatura de Hipólito Mejía, para poder compactar las fuerzas internas que dieran como resultado el triunfo del PRD y de sus candidatos.
 
En los anales de la historia mundial, que se conozca, nunca se había producido una actitud del Presidente de  un partido que hiciera todo lo humanamente posible, por hacer perder al candidato de la boleta de su propio partido. Miguel Vargas Maldonado, es su calidad en ese momento, de Presidente del PRD, junto a una cúpula que le acompaña, se olvidó de la responsabilidad que le colocaron en las manos las bases del PRD para conspirar abiertamente, contra el candidato del partido que encabezaba.   No puede haber mayor aberración que la cometida por Miguel Vargas en este pasado proceso electoral que trajo como consecuencia que hombres y mujeres del PRD que se tiraron al ruedo a buscar los votos para que su partido diera la batalla y pudiera alcanzar el solio presidencial, quedaran desprovistos de esa posibilidad, gracias a esa conspiración dirigida por Miguel Vargas  para contribuir con el Gobierno y su candidato a facilitarle el acceso al Poder nuevamente al PLD.
 
Esa traición se extrapoló a todo el país, y aquí en Puerto Plata se concretó en una serie de personeros/as que hicieron causa común con el PLD, y aunque el PRD ganó en la provincia de Puerto Plata en 7 de los 9 municipios, este manejo doloso, perverso y maligno, de Miguel Vargas y sus representantes en esta provincia, lograron bajar el porcentaje que de manera contìnua se venía manifestando en las diferentes encuestas que manejaba internamente el candidato, eso unido claro está al abarrotamiento mediático y el uso y abuso de los recursos del Estado a favor de su candidato.
 
Las decisiones tomadas por la Comisión Política del PRD el pasado 1ro. De Junio, encabezada por Andrès Bautista, Presidente en Funciones, Lic. Orlando Jorge Mera, Secretario General  y la Lic. Geanilda Vàsquez, Secretaria de Organizaciòn, que fueron ratificadas por el Comitè Ejecutivo Nacional celebrado el domingo 10 de junio con la asistencia de 1,217 de una matrícula de 2,006 a nivel nacional, establece claramente los niveles de sanciones que se ejecutaràn contra los que decidieron formar parte del escarnio, el dolo, la maledicencia y la falta de ética, conspirando contra el legítimo derecho del pueblo y de la militancia del PRD que con una  votación de 2,130,189 votos establecieron su deseo expreso del cambio, que fue esquilmado vilmente por estos vándalos de la política vernácula dominicana. 
 
Quienes hoy han sacado la cabeza en Puerto Plata haciéndose co-partícipes de este escarnio, están demostrando que formaron parte de esta conjura, y que jugaron con el deseo expreso de la gente de depositar su voto a favor del candidato del PRD y que como quintas columnas se prestaron a ser parte de impedir que el PRD pudiera lograr el triunfo. Para buen entendedor pocas palabras bastan.