Pero los sueños también pueden ser vividos como esperanza de cambio. Eso depende de nosotros.

 

Sartre dijo que la libertad es lo que hacemos con lo que nos han hecho. Y esto es muy lúcido. En un contexto en el que la banalización de los hechos y procesos de la vida social predominan hasta el punto de que los significados se han vaciado, la voluntad es demasiado importante para urdir nuevas formas y contenidos, nuevas dimensiones para actuar y para comprender.  

 

Hacer la nueva política, la que pone el acento en el desarrollo humano, en las cualidades y atributos del ser humano, es un ejercicio de voluntad y en esta medida es un ejercicio de libertad, de esa que es hacer con lo que nos han hecho.

 

En esa noción no cabe la hipersensibilidad frente a la actuación que se rige por menores exigencias: frente al asecho y el acto grosero, no cabe otra respuesta que la de tolerar, asimilar y construir. Ejercer un acto de libertad. Aceptando la diferencia contradictoria con respecto a los que prefieran la sumatoria de los poderes personales antes que la construcción de sólidas redes de gente libre.

 

Frente a eso, paciencia, mientras se construye, se teje, con los que comparten la visión y la ética y se va hacia un modo de actuar que no amenaza, sino que se realiza en la identidad compartida y en la solidaridad que genera una economía de la inteligencia y la comunicación.

 

Porque, definitivamente no, el infierno no son los otros, sino cómo seamos o no capaces de ser con ellos, semejantes, diferentes o contradictorios.

 

fuente : www.perspectivaciudadana.com