Los ciudadanos y ciudadanas en la Capital hemos racionado el uso. Quizás menos para el jardín, quienes lo tienen o para el lavado, los que lo hacen en máquina.

 

Pero, aunque no la hubiésemos racionado, llega menos.  Mucho menos. Así que el racionamiento viene impuesto por la realidad.

 

En los barrios pobres los camiones no dan abasto. Barrios enteros sufren la escasez y van niños y niñas calle y arriba y calle abajo con los envases.

 

En los de clase media el negocio es bueno. Los camiones cobran entre 800 y 1,500 pesos por el camión que, además, no dura una semana.

 

Lo que no deja de llegar es la factura. Siempre con el mismo consumo. No importan la sequía y el racionamiento.

 

¿Cómo explican la CAASD y la compañía privada encargada del cobro del agua en la Capital que el cobro sea el mismo, mientras el agua es mucho menos?

 

Algunos sectores del Distrito Nacional, como El Milloncito, han pasado hasta tres meses sin agua y en otros el agua apenas llega.

 

La sequía viene a demostrar que necesitamos políticas más eficientes para el manejo del agua en todo el país.

 

Políticas que vayan más allá del cobro de la factura cada mes; que permitan mayor ahorro del agua en tiempo de abundancia y un manejo más justo y eficiente en tiempo de escasez.

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com