Toda mujer lleva en su haber el deseo y la disposición de mostrar y destacar aquellos aspectos de su físico y de su inteligencia que destaquen sus bondades y eso me parece normal hasta cierto punto.

Pero lo que resulta contradictorio es cuando   la apariencia física se convierte en algo enfermizo, y las banalidades  y superficialidades se   destacan más que su persona;

A eso se suma, la violencia, la exclusión de posiciones de poder, la marginalidad, y la explotación. A pesar de las promesas y campañas de protección y defensa de los derechos de las mujeres que tanto se enarbolan entre políticos y funcionarios públicos.

El cuidado de la apariencia en las mujeres no solo debe implicar la preservación de sus atributos físicos, sino que ello debe llevarlas a valorarse como personas y como ciudadanas.

Ser bellas en una sociedad que no reconoce valores, significa defender los atributos y el poder de atracción como sexo opuesto, para labrarnos el debido respeto y el reconocimiento que merecemos como contraparte del conjunto que conformamos la sociedad.