En nuestro medio, emborracharse significa  ingerir una bebida hasta perder el sentido, asumir actitudes y comportamientos marginales, fuera de toda lógica y sobre todo convertirse en individuos irracionales, arrogantes, altaneros y prepotentes.
 
Cuando en la conducta social de los individuos se producen esos fenómenos se dice que quienes los sufren casi siempre son personas vinculadas a las esferas del poder, sea este social, político, económico etc. De forma que no solo se trata de la ingesta de alguna bebida o sustancia narcótica o alucinógena, sino que en nuestro mundo común vivimos rodeados de una amplia gama de borrachos.
 
Nos encontramos con borrachos que se creen dueños o herederos absolutos de instituciones estatales que forman parte del poder político, por eso se creen con derecho a maltratar, pisotear y ultrajar los derechos y libertades de los demás que con sus votos les delegaron el poder o la autoridad que hoy ostentan.
 
Como dice la sabiduría popular, que “el borracho no pierde el tino” esos borrachos sociales nuestros, tampoco pierden la conciencia de lo que hacen, sino que asumen la creencia de que por el hecho de que la sociedad les haya delegado responsabilidades, sea en un certamen electoral o una designación de servicio público, están por encima de los demás ciudadanos y que esa designación los convierte en seres especiales y superdotados frente a sus semejantes; provocando esto que hoy estemos viviendo en un ambiente de borrachera total.
 
Por eso, hoy nos parece estar dirigidos por una de esas castas de borrachos fariseos, que se creen dueños de todo; del poder, de la verdad, de la sabiduría y del derecho, tal como los fariseos del mundo antiguo, prepotentes, arrogantes y altaneros frente a todo aquel que no sea de su clan o de su cofradía, lo que preocupa es que esas actitudes fueron las que generaron la ira de Jehová y decidió barrer con esas “generaciones de víboras”, ojalá no estemos acercándonos a otra barrida como esa…
 
Hasta pronto, [email protected]