Si grande es la inversión realizada en la sede central, en la Capital, no menos ingente ha sido la que se ha hecho en los nuevos centros del interior.

 

Nagua, Bonao e Higuey son los más recientes, y en proceso se encuentran varios más en el sur y el este del país.

 

Cierto, no se trata de un nuevo Movimiento Renovador ni cosa que lo parezca. Se trata más bien del necesario remozamiento y modernización de viejas edificaciones y de la construcción de otras nuevas e indispensables.

 

Y se trata también de una enorme inversión en una institución estatal que representa  prácticamente la única puerta de salida del ambiente de  exclusión en que malviven millares de jóvenes pobres.

 

Por la UASD—es seguro—tenemos menos delincuencia y menos tráfico de drogas en nuestros barrios; menos frustraciones y más esperanzas en el futuro.

 

Al salir de allí, buena parte de los graduados seguirán en el desempleo, es cierto. Pero con un título en las manos, son más las posibilidades.

 

Falta ahora, eso sí, que lo cuantitativo se transforme en cualitativo.

 

Falta que todos los centros queden interconectados por internet. Que las bibliotecas estén vinculadas del mismo modo. El software libre dispone de aplicaciones que costarían nada a la institución y al Estado y que elevarían significativamente la calidad de sus servicios.

 

Y falta, eso sí, el nuevo Movimiento Renovador que permita más y mejores aportes al desarrollo de la cultura, la Ciencia y la tecnología en el país.

 

Es mucho más engorroso que renovar la planta física, desde luego. Pero, llegado el momento, el Estado puede también aportar mucho para facilitar ese proceso.

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com