En todo el mundo se conoce que la moral adquiere categoría filosófica cuando ella se convierte en una norma de conducta o un estilo de vida que marca o distingue un conglomerado social de otro.
El principio básico de la moral es la autoridad, aquella que se preocupa porque la sociedad camine o se rija por los criterios filosóficos que representan el estilo de vida y la conducta cotidiana de los individuos.
No obstante, para que esos principios morales se materialicen hay que personificarlos, convertirlos en carne y hueso, de manera que ese individuo sea la representación tangible de la autoridad que le otorga ser guardián de los principios morales y filosóficos en que se sustenta la sociedad.
A pesar de lo que se pueda seguir alegando sobre ese tema, hay que reconocer que las sociedades humanas no son estáticas, que estas evolucionan y actúan acorde con leyes sociológicas y al ritmo de los parámetros de la dialéctica, es por eso que a veces vemos estados de retroceso, involución y degradación en las formas de actuar de los sujetos sociales, incluidos los que representan la autoridad de la moral.
Sobre la base de los conceptos que esbozo más arriba es que se constituye el estado y sus instituciones, y en ellas se les otorga el poder de la autoridad moral a los individuos, pero cuando se inician los periodos de degradación social, se diluye la moral, se resquebraja la autoridad, y nos encontramos con a funcionarios altos, medios y bajos envueltos en actos alejados de la moral y los principios, tenemos autoridades que comercializan su autoridad y otras que reniegan de los principios morales que deben cuidar.
Por esas razones nos encontramos con, generales, coroneles, rasos y alistados de cuerpos castrenses y policiales envueltos en crímenes, atracos, tráfico y consumo de drogas, violaciones a menores, prostitución, tráfico de influencias, robos de la propiedad pública y cuanto acto degradante pueda generarse en una sociedad que se encamina a la decadencia moral, porque cuando esta se pierde, lo primero que desaparece el principio de autoridad.
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