Tener responsabilidad familiar o administrar una casa de familia es una proeza en este país, solo el hecho sobrevivir en medio de tantas precariedades e insatisfacciones es una señal inequívoca del buen juicio de la gente .La paciencia de un pueblo abatido, timado y burlado por la clase política es un acto de frustración, y de impotencia, no una virtud.
 
Un pueblo que en el 1990  concretizó el famoso “pacto por la democracia “cifró  esperanzas en la gente en que la nación se renovaría y se fortalecería; y con ella su gente. Pero la clase política siempre se reserva lo mejor para sí.
 
Es innegable que, desde esa fecha  se ha vivido con un rosario de precariedades, la gente escucha hablar de crecimiento macroeconómico, pero no pueden experimentar avance, ni progreso por mucho que le cuenten y publiquen en los periódicos.
 
La nación sigue inmersa en reformas y leyes, que poco se cumplen, sin darle a la gente opciones para su fortalecimiento familiar y mejora en su calidad de vida. Por el contrario los niveles de insatisfacción aumentan.
 
Las opciones de  renovación de su liderazgo es cada vez menor, estamos llenos de inmigrantes ilegales del vecino país, que trabaja por miseria, la pequeña burguesía que citaba Juan Bosch en su composición Social, solo habla de emigrar, no de obligar a la clase política a reformular su práctica  clientelar y vergonzante en contra del pueblo y a favor de sus cúpulas.
 
Pero los políticos actuales tienen un problema, es que solo miran su propia seguridad, las de su familia y las de sus partidos. Y el pueblo dominicano huérfano, sin propuestas, con una administración pública cada vez mas clientelar  y  sus recursos se dilapidan por  capricho de quien dirige. 
 
Así, no es posible, hablar de democracia,