Un sistema familiar funcional, ofrece a sus miembros un contexto sano, donde sus necesidades encuentran respuestas. Por el contrario, una familia disfuncional se asocia a la aparición de conflictos y dificultades emocionales en los individuos que la integran.

 

Sin embargo, esto no significa que las familias deben ser perfectas y no tener problemas ni crisis, en modo alguno. Una familia funcional enfrenta dificultades a lo largo de su ciclo vital pero desarrolla recursos, promueve cambios y encuentra formas alternativas para solucionarlas y eso en vez de méngualas fortalece sus vínculos. 

 

Existen dos tipos de funciones primarias que competen a la familia: las funciones de cuidado (nurtura) y las funciones de socialización. A través de las primeras, los/as niños/as, reciben desde antes de su nacimiento, el cuidado y protección indispensables para su sobrevivencia, dado que el ser humano es altamente vulnerable y dependiente en las primeras etapas de la vida. 

 

Las funciones de cuidado, están orientadas no sólo a garantizar la vida (alimentación, protección, higiene) sino también a desarrollar la seguridad básica y los vínculos emocionales que sostienen la supervivencia emocional (afecto, pertenencia, aceptación, permanencia en las relaciones) por tanto, estarán presentes siempre en la relación padres hijos/as, solo que en intensidad variable a través de la vida.

 

Las funciones socializadoras tienen como objetivo, transmitir la cultura y las pautas de comportamiento aceptadas en el grupo familiar y social. Aquí es donde en la actualidad, estamos enfrentando graves dificultades, debido a que en los últimos años ha ocurrido una inversión de valores, altamente nociva ay atentatorios contra la estabilidad familiar. Las funciones socializadoras, constituyen herramientas de aprendizaje indispensables para el desarrollo del auto control, el reconocimiento de los límites y la internalización de valores, normas y principios.

 

Ambas funciones se complementan para ofrecer un ambiente seguro, estable y predecible en el cual los/as niños/as se desarrollen de forma sana. 

 

La familia atraviesa por distintas etapas, cada una de las cuales contempla características y tareas diferentes. 

 

La primera de estas etapas tiene que ver con formar parejas. Esta etapa abarca generalmente el noviazgo y el primer período del matrimonio. La nueva pareja desarrolla gradualmente las pautas de relación con las que funcionará. Es aquí donde se comienzan a evidenciar las diferencias y las similitudes en gustos, necesidades, preferencias, hábitos y este descubrimiento puede acompañarse de desacuerdos y temores, que son parte de la etapa.

 

Los miembros de la pareja necesitarán esforzarse por entender el estilo de su compañero/a, sus prioridades, expectativas y sus límites.

 

Durante este período la pareja necesita poner en práctica sus habilidades de comunicación y negociación, para asimilar y enfrentar las diferencias, que van surgiendo en áreas tan cotidianas como horarios, ambiente físico y actividades, pero también en otros aspectos mas sensibles, como pueden ser las relaciones con la familia y los/las amigos/as de cada uno.

 

La segunda etapa se inicia con el nacimiento del/la primer/a hijo/a, cuando el sistema se vuelve más complejo por la entrada de un nuevo miembro. Hasta ese momento los cónyuges funcionaban uno en relación al otro, ahora deberán orientarse a su rol de padre y madre, para responder a las necesidades del/la hijo/a, manteniendo al mismo tiempo sus pautas de relación como pareja. Generalmente aquí surgen crisis de parejas, que han de ser tratados adecuadamente para bien de la convivencia conyugal.

 

Los riesgos más frecuentes en esta etapa, se relacionan en el sobre involucramiento de la madre con el/la hijo/a y la tendencia del padre a desligarse y enfocar su atención en el trabajo y otros contextos extrafamiliares, debido a la gran dependencia del/la niño/a de su madre. Esta forma de funcionar cuando se está instalando en cada uno el rol de padre y madre, puede provocar sentimientos negativos en ambos. Por un lado la madre puede sentirse sobrecargada y con escaso apoyo, mientras que el padre en ocasiones se percibe como fuera del sistema, experimentada la sensación de no tener lugar.

 

Es necesario discutir estos aspectos de la interacción, promoviendo la participación del padre en los cuidados del/la niño/a y protegiendo el espacio de pareja.

 

En la medida que el/la  primer/a hijo/a crece, la familia deberá ir adaptándose a los cambios, creando reglas nuevas y enfrentando desafíos que incluyen la participación de otras personas y contextos (médicos, abuelos, tíos, familias con niños/as de la misma edad); asimismo, la pareja necesitará establecer acuerdos en cuanto a los patrones de crianza que implementaran. Cuando nacen otros/as hijos/as, el funcionamiento familiar deberá reorganizarse nuevamente para adecuarse a las exigencias que suponen para el padre y la madre dividir su atención y sus cuidados, lidiar con la relación entre hermanos/as y otras necesidades que puedan surgir.

 

Estos y otros aspectos relacionados con la familia, serán tomados en cuenta en  una serie de publicaciones que hemos denominados, en rescate de los valores familiares.


Por: Alexander De Jesús Brito
Orientador profesional