LA ÉTICA DE BUEN VIVIR Y EL MORIR BIEN
El buen vivir aparece macro sistémicamente con el anuncio del fin del mundo y las crisis mundiales y micro sistémicamente con el cortocircuito ecuatoriano de lo político: el anuncio del fin del mundo está en cartelera nuevamente o con los terremotos en diversas partes del mundo, o con la predicción Maya, o con los ahora constantes desequilibrios climáticos planetarios, regionales y locales.
Las crisis mundiales para los analistas más honestos son el síntoma de una disyunción trágica: o cambiamos o nos vamos todos al abismo, aunque así no lo quiera entender la mayoría de líderes de Estado de este planeta. El declive en las condiciones de seguridad de las grandes ciudades, el reforzamiento de las fronteras y el levantamiento de los muros como una señal del miedo que provocan el fuerte movimiento de poblaciones migrantes por causa de la pobreza y de las intermitentes guerras y los conflictos sostenidos por las grandes negocios de las armas hacen parte del ambiente que circunda el anuncio del buen vivir. De igual manera, la inestabilidad política, la vulnerabilidad de las instituciones y la falta de un proyecto político claro, conforman el panorama en el que se desenvuelve el desafío del buen vivir en el Ecuador. Daría la impresión que el buen vivir estuviera amarrado al miedo provocado por un mal morir.
La ética se despliega sin controles. En un mundo relativista, las morales únicas explosionan dando paso a las éticas particulares, a la medida, de acuerdo a los gustos y acomodadas con las culturas. Las éticas se multiplican colocando sus énfasis en el cambio de las personas y aligerando el desgarre de la política. Así, la corriente impetuosa de la ética posiciona los valores sin cuestionar los modelos antropológicos. La fuerza conservadora sostiene la popularidad de los partidos. La ética es lo irrenunciable en un mundo sin chances de cambio y donde el discurso de la libertad se articula fundamentalmente con su aceptación. Así, la ética del buen vivir es indirectamente la aceptación del acto de morir bajo las reglas arbitrarias e injustas en las que se fundamenta el status quo.
Para una sociedad corrupta, la ética de la transparencia; para naciones con alto índice de ciudadanos discriminados, pobres, en situaciones de inequidad, la ética de los derechos; para grupos económicos que no pueden disfrutar de sus ganancias, la ética de la seguridad democrática; para países impedidos de la explotación de otros pues los pueblos ya se resisten, la ética antiterrorista; para los gobiernos que no pueden echar andar sus políticas controvertidas, la ética del dialogo; para un mundo que ya no goza sin tener mala conciencia, la ética del buen vivir. La ética se instala en las dinámicas sociales de la vida de los pueblos sin evitar que la muerte siga dando pasos firmes.
La ética del buen vivir busca un equilibrio fuera de lo contradictorio. La contradicción debe ser superada no por medio de la dialéctica sino a través de la afirmación de lo otro. Corremos tras de un equilibrio olvidado. Comer bien, beber bien, hacer el amor bien, tener una buena propiedad, tener el trabajo que nos guste, los hijos que deseemos, el sueldo que necesitamos. Aspiramos a una vida sin sufrimiento como si esa vida no fuera posible sin el sufrimiento de otros y de otras. Esa bien vivir del completo equilibrio es lo más cercano a la muerte.
El vivir bien del Capitalismo alcanzó para unos pocos, nosotros queremos alcanzar el vivir bien para muchos más. A ese derecho le llamamos vida digna. En realidad no se quiere salir del capital, lo que se quiere es socializarlo. El capitalismo sigue apareciendo mucho más efectivo que el Socialismo. En consecuencia, el buen vivir sin el capital más que un sueño, es una pesadilla. De esta manera el vivir bien es participe de las destrucción y la muerte que va dejando la imposición y el modelo de desarrollo del capitalismo.
¿Quién hace la ética del buen vivir? Si la ética ha sido apropiada por los oligoi, ¿Por qué tener en cuenta al pueblo? La existencia del homini sacer, del hombre condenado sin juicio y dentro de un estado de excepción nos obliga a preguntarnos sobre el sujeto de la ética. Muy probablemente sean los ricos los que quieren determinar la ética del buen vivir, pues lo confunden con el vivir bien de lo cual son expertos. Los indígenas sigue siendo para los poderosos, un sujeto machista, alcohólico, manipulable, ignorante e inmoral, por consiguiente no puede ser sujeto de la ética y menos portavoz del buen vivir. Sin embargo, es ese homini sacer, el único que puede trazar las líneas fundamentales del buen vivir. Es cierto que allí hay dogmatismos, que muchos de ellos no saben lo que quieren, que también hay egoísmo, que muchos de ellos admiran y quieren el mundo del desarrollo, no obstante son esos condenados a muerte los que nos pueden acercar al sentido profundo de la vida. De tal manera, no podemos perder ese momento de negatividad absoluta que se adscribe a la vida, ese momento de violencia fundamental.
Una tal negatividad inserta en la ética del buen vivir merece un desagregado político, ¿cuál podría ser este?