Para coexistir en la sociedad, donde está impresa la individualidad, el egoísmo, la codicia, la gula, el egocentrismo y para colmo la concentración de riquezas,  debemos todos y todas, tener la capacidad de auto-analizarnos, establecer nuestras potencialidades y debilidades, para poder abrir el canal de la comprensión entre el conglomerado con el que subsistimos.
 
Tal vez por ser el PRD un partido de unas bases sociales heterogéneas, donde la formación política es baja y la ideológica es nula, cada quien arma un proyecto en función de los intereses que persigue y hace de sus seguidores dependientes económicamente, con fines de lograr incondicionalidades, y con ello, extender su radio de acción para poder canalizar sus pretensiones.
 
Los/as  perredeìstas tenemos una capacidad inmensa de adversarnos, y una facilidad enorme de ser permisivos con quienes deben ser nuestros contrincantes reales en la arena política.  El o la perredeísta que está alineada con uno/a que otro/a dirigente, solamente conoce el saber denostar a quienes no estén en el  tren de sus afecciones, con un  sentimiento de descalificaciones burdas, grotescas y denigrantes, que no utiliza así, contra el gobierno, o sus personeros,  y esto ha hecho, que se ahonden más profundas las diferencias, cuando llegan las luchas internas por puestos dirigenciales  o electivos.
 
Este proceso que se ha vivido en el PRD, tal vez inusual, por sus características, ha tocado fondo, precisamente porque no se han podido reconciliar alargados dolores, que potenciaron maquiavelismos orgánicos que dejaron huellas tangibles que impidieron concretizar la llegada al poder nuevamente del PRD.
 
Pero tanto la vida, como la realidad, nos dice a los y las perredeìstas, que es momento de reflexión,  de hacer un alto a los disgustos y a la exacerbación de los odios que nos han separado históricamente y en estos últimos meses, porque el pueblo, en sus sectores sociales más sensibles, ha decidido salir de su cascarón, que lo mantenía aletargado, para comenzar a asumir sus demandas, y no puede estar el PRD al margen de ese resurgimiento.
 
Es la primera vez, que el PRD no encabeza las luchas sociales del pueblo, consumido en sus propias confrontaciones y por eso aún con la ausencia de sus cabezas, el pueblo ha puesto en manos de jóvenes valores dominicanos/as y anónimos por demás en la geo política nacional, que por su peso moral, los sectores sociales les ha otorgado la capacidad de ser sus voceros y de  articular grandes concentraciones de protesta pacífica que han tenido que ser reseñadas en los medios nacionales e internacionales, como la verdadera avalancha que ha desencadenado los graves cuestionamientos a la administración del Dr. Leonel Fernández, que hasta hace unos meses era intocable.
 
Es hora ya de aprovechar este espacio festivo de la navidad, para sentarse a reflexionar.  Aprovechar para establecer que es indefectible retomar la reconciliación perredeísta, cohesionar el accionar de los organismos y sin reproches ni cuestionamientos, echar hacia adelante un estrategia política de oposición, que recobre de nuevo la confianza del pueblo. ¡Iniciemos el camino de la confraternidad perredeísta!, esta debe ser la prioridad y el compromiso de todos y todas en el año 2013.