En las grandes edificaciones y movimiento urbano de la urbe neoyorkina existió un lugar donde vivían inmigrantes italianos, que llamaron “La Cocina del Infierno”, porque además de converger en una esquina varias calles, se asentaban en éstas delincuentes y truhanes de todo tipo, que exigían a los comerciantes de ese lugar su peaje semanal, por “cuidarles” sus negocios y si no lo hacían, los mataban o les enviaban al hospital además de quemarles sus instalaciones.
Vivir allí era un verdadero pandemonio. De ahí surgió nombrar a este lugar “La Cocina del Infierno”, porque dejó una estela antológica de acontecimientos delictuales.
“La Cocina del Infierno” se ha ido reproduciendo en muchos países latinoamericanos y en este país ha cobrado una pasmosa vigencia que ha acumulado un prontuario de acciones que ha ido arrinconando a la población no sólo a su existencia, sino también a su aceptación, aprendiendo a convivir con el delito, la violencia y las inconductas que se desprenden de acciones ligadas a las esferas del narcotráfico, corrupción, impunidad y una policía y justicia sobornables.Nadie puede negar que frente a nuestras narices vemos crecer las inversiones producto del lavado de dinero convirtiéndonos en miopes, para solamente ver lo que se acerca y olvidarnos de esas que sabemos proceden de activos que son una verdadera nebulosa. Pero además le damos vigencia y crédito, premiando sus acciones haciéndonos co-partícipes de sus bonanzas que utilizan los medios de comunicación para anunciarse o para hacerse sujetos de reconocimientos, legalizando así, su status en la sociedad dominicana y por ende en la puertoplateña.
En el Puerto Plata de hoy, se dejaron atrás las actitudes bucólicas y señoriales que nos caracterizaron, donde cada quien vivía con holgura, sin trabas, con una actitud abierta al visitante, aunque con las expectativas de no permitir que se nos marginara del proceso de inserción hacia los nuevos tiempos, que ha creado una especie de aletargada pasividad frente a cualquier demanda.
En el Puerto Plata de hoy, la delincuencia, la marginalidad y la drogadicción, además de los contubernios de la Policía Nacional, los Jueces y Fiscales que con su permisividad, han convertido la ciudad en una verdadera “Cocina del Infierno” que otrora existió en New York y que hoy se reproduce en nuestra ciudad, que ha ido acumulando cantidad de episodios de violencia, acondicionando la vida de nuestros ciudadanos y creando un colectivo de angustias existenciales y vivenciales.Proliferan las sentencias complacientes manejadas por dinero; los puntos de droga son altamente conocidos por la ciudadanía, pero resulta que a la Policía y a los organismos responsables de contenerlo, les pasa desapercibidos. Las cabezas del funcionarato están tan envueltos o envueltas en mantener sus prebendas, que les pasa desapercibido o le dan de lado a las denuncias. Los funcionarios/as electos/as, municipales y legislativos, salvo excepciones, solamente sacan la cabeza cuando de cualquier acuerdo pueden sacarle provecho personal y participar en el reparto y como tal la prensa, en medio todo este marasmo, informa de manera tangencial para ejercer el oficio y mantener la sustentación de la noticia. Así, poco a poco nos hemos convertido en la nueva “Cocina del Infierno” que otrora en New York casi aniquiló las ansias y las esperanzas de una gran inmigración. [email protected]