Habiendo sido el presidente que fue, la sociedad, esquiva, necesita razones y no emociones para cambiar de rumbo. Dice que gobernará con un “plan nacional hacia el desarrollo”, pero nadie conoce un solo detalle del mismo. Ya es el candidato del PRD y como oposición simplista, todo se reduce a prometer la luna y a agitar el descontento social. Promete dar el 4 % para la educación, pero a la hora de gobernar incumplió.
Promete velar con celo el equilibrio macroeconómico, pero también incumplió. Promete la estabilidad de los precios, pero al gobernar convirtió los supermercados en “las casas del terror”.
Promete mano dura contra la corrupción, pero prefiere una justicia de canchanchanes.
Promete resolver la inseguridad ciudadana, pero aplicó una línea de “intercambio de disparos” y elevó los índices de criminalidad con relación al año 2000.
Promete resolver el desempleo nacional, pero en su gobierno millares de ciudadanos perdieron sus empleos.
Promete usar el crédito interno y externo para “inversiones productivas y sociales”, pero en su día violó la ley de educación, no aumentó el gasto de salud o vivienda, destruyó empleos y duplicó la deuda externa nacional.
Promete ayudar a la clase media, pero en sus días de poder quebraron miles de pequeñas y medianas empresas familiares de la clase media.
Hipólito hace de las promesas su fundamento político. Danilo propone un nuevo rumbo con participación social profunda.
La suerte está echada. Nos acogemos a una opción de razón, cordura y confianza para todos o volvemos al pasado aquel. La ciudadanía responsable de este país apostará al rumbo que propone Danilo Medina.
Fuente:www.perspectivaciudadana.com