Porque teniéndolo presente, podemos cada vez mejorarlo como forma y manera de brindar servicios de calidad a quienes  van dirigidos nuestros trabajos y por igual, al recordar nuestro papel, tendremos muy presente que otros ciudadanos están pendientes de nuestro quehacer por lo que nos urge hacerlo correctamente.

 

Se da por sentado que para obrar como se debe, hay que estar seguros del rol que nos corresponde …y no olvidarlo.

 

Muchos de esos mensajes de alerta y recordación, forman parte de la literatura universal, donde leemos cartas de padres a hijos, médicos a otros colegas, abogados a estudiantes de derecho…ex presidentes a quienes inician las lides políticas y otras…

 

Cuando el legislador olvida su papel y se hace el loco…cuando el empresario olvida su papel y se hace el loco…cuando el militar o policía olvida su papel y se hace el loco…cuando el sacerdote o pastor olvida su papel y se hace el loco…

 

Cuando el ministerio público o el juez olvida su papel y se hace el loco…cuando el maestro olvida su papel y se hace el loco…cuando los padres olvidan su papel y se hacen los locos…cuando el locutor olvida su papel y se hace el loco…cuando el periodista olvida su papel y se hace el loco…cuando quien gobierna olvida su papel y se hace el loco…cuando cada ciudadana olvida su papel y se hace el loco…

 

Cuando esto ocurre, entonces tenemos más enfermos que psiquiatras y psicólogos.

 

El caos, la inseguridad, la desconfianza, desinformación e injusticias reinan por doquier. Se adueñan de  la nación. No hay frenos. La apatía y el desdén gobiernan nuestras vidas y el mismo Estado. ¿Es eso correcto?

 

¿Se da cuenta por qué no es bueno hacerse el loco?