GRECIA: TODOS A UNA
De un tiempo a esta parte, Grecia se ha convertido en una sociedad cada vez más inestable. Barrios enteros salen a las calles a protestar. La ira de los jóvenes por el grave desempleo no cesa. La sociedad griega se encamina, poco a poco, a un estado de ingobernabilidad económica y política.
El desaliento y la desconfianza de la gente viajan paralelas a la corrupción en el gobierno y la complicidad de la banca de inversión. Gobierno y banca se han puesto de acuerdo para esconder el desastre económico de la nación.
Falsearon las estadísticas estatales que revelaban el grave déficit presupuestario de un 12.7% del PIB Nacional, en contra de los límites tolerados por la Unión Europea. Engañaron a todos, menos a JP Morgan y a Goldman Sachs.
Estos bancos de inversión, sabiendo de la delicada situación económica del país, se involucran en la riesgosa situación de proporcionar a la desordenada economía helena paquetes de los llamados Credit Default Swaps (CDS), que permitían al gobierno disimular los déficits del presupuesto, falseando las estadísticas. La banca ganaba dinero jugándose el riesgo, el gobierno greco podía seguir con las riendas sueltas.
Como la crisis financiera internacional, que regentea el G20, no ha conducido a la regulación de la banca de inversión internacional, vender CDS sigue siendo el filón de este tipo de negocio financiero. Los dos bancos de inversión antes dichos reportaron grandes beneficios el año pasado en base a las ventas de estos productos, mientras alegaban pérdidas en sus operaciones de banca tradicional y regulada.
El gobierno de Grecia y la banca de inversión forjaron una yunta, que ha terminado por arriesgar la propia zona euro. Y la respuesta europea ha llegado, en tropel, sobre la economía de aquel país, que hoy sufre la intervención del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional.
Las medidas que se impondrán a Grecia, vale decir a su pueblo, serán cosas como reducción de salarios, reforma de pensiones, reformas sanitarias y de la administración pública y sobre productividad y empleo, más la reducción del déficit del presupuesto del 12.7% del PIB al 8.7% en un año. El efecto político de estas medidas está por verse. La gente no soporta más sacrificios, pero la Unión Europea no asumirá el riesgo sistémico de la crisis griega sin sacrificios.
Lo grave de todo este remolino financiero y presupuestario es que, mientras a los grecos se les imponen serias restricciones, la banca de inversión, co-participante en el engaño, parece salir ilesa de su riesgoso y oscuro envite. Y con los bolsillos llenos.
La crisis griega viene, de nuevo, a evidenciar la urgente necesidad de la regulación del tráfico irresponsable de productos financieros de altísimo riesgo, como los CDS. El presidente Obama lo ha sugerido en múltiples ocasiones, pero la resistencia bancaria continúa.
Por el bien de la economía internacional y su necesaria recuperación, el foco de las regulaciones se debería centrar en la banca de inversión, como lo revela su involucramiento en la crisis económica de Grecia. Todos a una contra este afán de lucro que se resiste a ser gobernado.
Fuente: www.perspectivaciudadana.com