Está en boga, sacado de las disciplinas de la administración, el criterio de la “eficiencia” como razón de ser de cualquier actividad humana.  Pretenden vendernos, envuelto en papel de lo moderno, lo que no es más que reiteración de un viejo producto político. Como el cuento aquel de caperucita con el lobo arropado en la cama de la abuela.

 

¿Cómo pensar que “el cambio que necesita este país” se expresa en una práctica política que sustrae el 70% de los cargos electivos, mediante un sistema de “reservas”, que sencillamente niega el derecho a elegir y ser elegido por voto universal a los militantes o en una convención nacional en donde el 25% de la actas son nulas o tienen graves errores?. La JCE, pretendiendo a Salomón, cortó al niño en dos.

 

¿Se puede entender como “convicción democrática” la dedocracia que se ha consumado, el nepotismo en Santo Domingo Este o el disimulo con el Romero significa “transparencia” política?

 

De dónde puede surgir la idea de que una boleta electoral “reúne” el concepto de “vocación de servicio” si en la importante ciudad de Santiago se designa como candidato a síndico a un prototipo del ausentismo laboral en una función pública.

 

Una propuesta política auténtica precisa de cierto nivel de coherencia interna para ser creíble. No puede uno saltarse premisas fundamentales del juego político-democrático y continuar la ruta silbando a Benny Goodman. Como si de un juego infantil se tratara.

 

Vivimos un mundo en trance permanente. Y en busca de la eficiencia electoral, derechos y valores del ejercicio de la política democrática, son desechados en beneficio de un concepto tecnocrático de la política que aleja, cada vez más, al ciudadano de la política y de los partidos. Y la mediación clientelar en la relación dirección-base social agrega renovadas tensiones a un modelo político íntimamente conflictivo.

 

Si el modelo económico nacional debe ser más humano, el modelo político local deberá ser más incluyente, más cercano a los intereses y derechos ciudadanos. La eficiencia sin resultados humanos e incluyentes es un pregón hueco. Los derechos políticos y jurídicos de la gente no se pueden reemplazar con “reservas” o campañas mediáticas, sin sorpresas posteriores.

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com