El modelo socio cultural que nos rige, parte del concepto de propiedad paternalista que le asigna al hombre una función social que lo convierte en eje o centro del esquema social dominante, donde el concepto de propiedad privada es parte inherente del individuo hombre, dueño de todos los bienes materiales e inmateriales.
Es la misma formación social que rige nuestra sociedad la que crea los valores socio culturales que la rigen, de manera que el concepto de propiedad y los modos de producción vigentes determinan el tratamiento y las relaciones entre los individuos, donde unos son propietarios, y otros son simples productores.
La relación social entre los individuos viene determinada por el sistema social que los rige, de manera que un sistema social que justifica, protege y defiende el ejercicio de la fuerza y la imposición de un sector social sobre otros, genera la aparición de instituciones y conceptos sociales fundados en diferentes manifestaciones de violencia, que van degenerando o degradándose según entran en crisis los viejos modelos que las sostienen.
La formación social que predomina en el mundo americano, y en particular el dominicano, tiene dos instituciones fundamentales que lo rigen, estos se expresan en la propiedad privada y en la familia como núcleo principal de la sociedad, y estos están interconectados por un eslabón común que se llama “hombre” , el hombre dueño, el hombre fuerza, el hombre poder y el hombre padre, pilar de la familia.
Ese papel hegemónico asignado al hombre padre, hombre dueño, o al hombre poder, es lo que prohijó la creencia de que todo el poder, toda la fuerza y todas las capacidades están concentradas en el, eso lo convierte en prototipo del sexo fuerte, no solo por su contextura física, sino también porque la sociedad ha reunido en el todo el poder.
No obstante, pareciera que la sociedad reniega de las concepciones filosóficas teocráticas que dividen el poder entre dos, porque si se toma como ejemplo el caso de la creación del hombre y la mujer, a cargo de un ser superior, (DIOS) el libro Génesis establece la creación de la mujer como la necesidad de dotar al hombre de una compañera, no de un dependiente que debe estar supeditado a la voluntad y deseos de quien fuera el primer ser creado en la tierra.
De ahí el hombre es un ser social y como tal ha de convivir no solo con hombres, sino que su contraparte de convivencia es la mujer de forma que esa convivencia mutua es la que personifica la armonía y el equilibrio en la sociedad.