La insostenibilidad fiscal es una de las razones para cambiar de modelo económico en la República Dominicana.

 

Fiscalmente insostenible, uno, por si mismo, y dos, en relación a las demandas y expectativas ciudadanas.

 

Una prueba de ello es la frecuencia (cantidad) de “reformas fiscales” que se han llevado a cabo en los últimos 20 años -nunca suficientes ni satisfactorias-, el creciente endeudamiento público, el bajo gasto social, el ensanchamiento de las desigualdades sociales, la falta de cohesión social (mejor hablar de fractura social) y la decepción (a veces enojo) de amplios sectores de la población con el gasto público.

 

Deliberadamente puse las comillas, pues otros –y no les falta razón- en lugar de reformas, las llaman “parches fiscales”. Siempre urgentes y a la carta. Quienes tienen poder de mercado y mediático las evitan o logran que les favorezcan.

 

Si bien estas reformas o parches fiscales han permitido salir del apuro, mejorado los ingresos del Estado, garantizar el pago del servicio de la deuda y reanimar la estabilidad macroeconómica, ninguna se ha ocupado de la informalidad de negocios y empleos. Ninguna reforma fiscal ha revertido la tendencia a la creación de negocios y empleos informales.

 

Resulta que cerca del 40% de los negocios y personas están en la economía formal y son por tanto el sostén fiscal de los ingresos del Estado. Lo que también tiene graves consecuencias crediticias y sociales para los afectados.

 

Una estrategia gradual de reducción del gasto tributario y una progresiva formalización de negocios y empleos merecen toda la atención.


Fuente: www.perspectivaciudadana.com