¿Por qué lo traemos a esta Perspectiva del Día? Porque nos ofrece datos conmovedores.

 

Por ejemplo, cuando concluya el festival el próximo miércoles 30, aquí en la Capital se habrán celebrado unas sesenta y nueve (69) presentaciones y en Santiago siete (7).

 

Si además de la Capital y Santiago se realizaron presentaciones en otros lugares del país, el programa no las incluye y ese dato dice mucho y mal.

 

Pero habida cuenta del territorio y de la cantidad de grupos teatrales de la Capital y del Gran Santo Domingo, las sesenta y nueve presentaciones mencionadas son muy pocas y, por las mismas razones, las siete de Santiago son insignificantes.

 

¿Dónde quedan las actividades de los talleres y grupos teatrales que en Azua dirige el escritor y dramaturgo William Mejía y dónde las que en diferentes puntos del país dirige el también escritor y dramaturgo Iván García? Son sólo dos ejemplos.

 

Podríamos decir que estamos ante un ejemplo lacerante de pésima gestión cultural, pero en realidad se trata de mucho más que eso.

 

Es decir, que si representamos con forma humana el desarrollo económico y cultural del país y su correspondiente distribución, el resultado sería un monstruo con una cabeza enorme (la Capital) y otra pequeña (Santiago) pero con un cuerpecito insignificante.

 

Y así, mientras las provincias, los pueblos, las localidades del interior del país languidecen en la exclusión, en la sordidez, en el abandono más injusto, la Capital concentra no sólo la riqueza material, sino también la espiritual, esto es, el arte y la cultura en todas sus manifestaciones.

 

Y así nos preguntamos por qué florecen en nuestros pueblos y barrios la incultura y la delincuencia.

Como se puede ver, el Festival del Teatro viene a denunciar también lo injusto que es el modelo económico y social que opera en nuestro país hace décadas y que, nueva vez, ha sido encuerado por el más reciente informe encargado al PNUD por el gobierno.

 

Ya está bueno de regodearnos. Necesitamos crecer, pero necesitamos urgentemente que ese crecimiento sea mejor repartido. Nuestras provincias, nuestros pueblos y nuestros barrios también tienen derechos. Y no habrá desarrollo nacional, mientras no haya desarrollo local y participación. Lo demás es cosmética pura.

 

Fuente:www.perspectivaciudadana.com