La vida cotidiana de los dominicanos se ve siempre marcada por la ocurrencia de hechos y fenómenos extraños que son siempre el reflejo de actitudes, comportamientos y hasta de proyectos futuros que  van ganando forma en el interior de las “Psiquis” de  algunos sectores que constituyen los grupos humanos de nuestra sociedad.
 
Partiendo de esos conceptos, me he puesto a reflexionar  acerca de los orígenes y motivaciones de los últimos hechos que como si fueran eslabones de una misma cadena, se fueron sucediendo en el transcurso de las últimas dos semanas en diferentes espacios y escenarios de la vida socio-política,  nacional.
 
En esas elucubraciones me llamó poderosamente la atención la forma en que se origina un escándalo nacional que dio al traste con la capital cancelación del Ministro de Salud Pública, hecho este que tuvo sus raíces en el revuelo que provocó la denuncia sobre la muerte de más de una decena de niños en el hospital Robert Read Cabral de Santo Domingo, hecho este que pudo demostrarse no era circunstancial, sino sucesivamente recurrente en cuestión de varios meses, durante los cuales nadie se dio cuenta de esa mortandad semanal.
 
Igualmente me llamó la atención de manera significativa la forma encadenada en que se produjeron hechos que tocaron profundamente la atención nacional, como los casos de las Carceles La Victoria y Najayo, el presunto incendio terrorista del Metro de Santo Domingo, el Sabotaje al sistema eléctrico nacional  y ahora, la reacción salvaje y arbitraria con que actuaron seguidores de un expresidente de la República, contra ciudadanos y comunicadores que trataban de ejercer prerrogativas y funciones consignadas en el libre juego de la democracia.-
 
No quisiera pecar de tremendista, pesimista o extremista; pro la forma sucesiva y cónsona con algunas ideas o circunstancias judiciales que ocupan la atención nacional, los hechos acaecidos me resultan extraños ante tantas coincidencias; porque para mis adentros temo que sean el preludio de lo incierto y la intolerancia, que unidos a inevitables premoniciones de posibles revolturas socio políticas, que puedan estar cocinándose en un mismo caldero político.

“Quisiera estar equivocada en mis cavilaciones; para así seguir pensando que nada malo nos espera en este convulso ambiente nacional…”