¿Y las autoridades del Ayuntamiento de la capital y del Gobierno Nacional? Ya quisiera yo saber. No para pedirles que saquen a patadas y a culatazos a este humilde hombre que quiere ganarse unos pesos decentemente, sino para preguntarles dónde está las políticas de empleo.

 

Ayer, el diario Hoy publicó como noticia principal la información de que “el 80% de los 608,000 empleos generados en los últimos ocho años ha ido a parar al mercado informal, según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).”

 

El señor del negocio en el puente peatonal es uno de esos empleos, sin ningún tipo de protección social. Probablemente no sabe él que figura en las estadísticas oficiales como trabajador por cuenta propia, sí los señores del Banco Central o de Naciones Unidas que se encargan de calcular los empleos que crea la economía dominicana, en este caso no gracias a política pública alguna encaminada a crear empleos, sino a pesar de no haberla.

 

Porque ese señor, a decir verdad, ha preferido “negociar” con ropa para “no hacer lo mal hecho”. Se ha creado su propio empleo para no penar o delinquir.

 

La investigación de Naciones Unidas estima preocupante la tendencia de la economía dominicana “que crece, pero con un impacto decreciente en la generación de empleos: mientras el PIB se multiplicó por 2.55, el empleo aumentó en 1.58 veces.”

 

Lo que ya sabíamos, ahora sustentado en números: un modelo económico que permite crecer mucho a dos sectores de la economía que no “generan” suficientes empleos, mientras otros sectores que sí pudieran crear esos muchos empleos no crecen o decrecen. La media aritmética crea la ilusión de que crecemos, que crecemos bien, sin preguntarnos quiénes crecen, quiénes prosperan y quiénes quedan excluidos del mentado y traído crecimiento económico.

 

Más grave aún, la mencionada investigación aporta cifras del enorme desperdicio de fuerza de trabajo en la economía dominicana:

 

“Para abril de 2008 la población en edad de trabajar era de 7.6 millones de personas. Mientras  la población económicamente activa (PEA) creció entre los años 2000-2007 de 3.5 millones a 4.2 millones de personas, constituida por un 60% de hombres y un 40% por mujeres.”

 

La diferencia entre la población en edad de trabajar y la población económicamente activa es de 3.4 millones personas. Tres millones cuatrocientos mil personas inutilizadas, sin empleo, sin producir, habiendo tanto trabajo por hacer y pendientes tantas riquezas que crear.

 

Si descontamos los jóvenes que no trabajan o no buscan trabajo porque estudian, encontraremos cientos de miles de jóvenes que ni estudian ni trabajan y adultos, que, se han cansado de buscar trabajo y no lo encuentran o sencillamente no lo buscan.

 

Una tragedia que explica la falta de bienestar de la población y la escasa y frágil prosperidad de los negocios y empresas en nuestro país.