En el reino animal, el tigre pertenece a la especie Panthera tigris, así como a sus distintas subespecies. En nuestra amada Quisqueya existe una especie antropomórfica única, que ha sido estudiada desde un punto de vista social, histórico, cultural, humorístico y antropológico desde 1971 hasta la fecha.
Sus principales estudiosos son los dominicanos Mario Emilio Pérez (nacido en 1935, aún vive), a través de la publicación, en 1971, de su libro El tranca y el pariguayo, y el periodista Felipe (Lipe) Collado (1947-2016), pariente cercano de un joven político, con la primera versión de su ensayo El tíguere dominicano, publicado en 1981. Ambos costumbristas coinciden en que el tíguere dominicano es un fenómeno social y cultural, más que una simple etiqueta para una persona astuta.
Conocer a un tigre dominicano es comprender una parte de la idiosincrasia de los barrios de nuestros pueblos. Por esa razón, comediantes como Luisito Martí, con su personaje Balbuena; Félix Peña, con su personaje La Tata; y Samuel Mata, con su personaje (H.D.P.) Palo Fresco, encarnan a la perfección el personaje del tigre, con las cualidades que describen ambos ensayistas. A través de sus diversas historias y caracterizaciones, los comediantes nos dejan saber que un tigre dominicano no es quien engaña, sino también aquel que no se deja engañar.
Explican los ensayistas que el tíguere no nace como un delincuente, sino como un producto de las circunstancias sociales y económicas de nuestro país, donde las desigualdades sociales han despertado en muchos dominicanos formas ingeniosas de sobrevivir. De esa realidad surge el tíguere: un individuo trepador, taimado, observador y capaz de aprovechar cualquier oportunidad.
Los autores describen al tíguere como alguien con gran habilidad para leer a las personas y adaptarse a cualquier ambiente. Si está acorralado o en desventaja frente a otra persona, le increpa: «Vamos a resolver de tigre a tigre», como una forma de intimidar y como un arma astuta para llevar al otro a su terreno. Por lo regular, el tigre no siempre utiliza la violencia; con frecuencia recurre a la inteligencia, las palabras persuasivas (labioso), el humor y el ingenio. Su principal herramienta es la capacidad de resolver problemas donde otros encuentran obstáculos.
Uno de los aportes de los diversos ensayos, y que se puede observar en los personajes de los comediantes, es el lenguaje y las expresiones que utiliza el tigre para salir de los diversos escenarios en los que se presenta. Domina expresiones, refranes, dobles sentidos y formas de comunicación que le permiten persuadir, negociar o salir de situaciones difíciles. El lenguaje es una forma de poder y una marca de identidad cultural.
Ambos autores señalan que en la nación dominicana podemos encontrar diversos tipos de tigre, dependiendo de su contexto. Algunos son simpáticos y carismáticos; otros, alimañas, pícaros, oportunistas o manipuladores, de acuerdo con su comportamiento, la forma de relacionarse con los demás y el ambiente en que se desenvuelven. Existen variantes como el tigre galló, tigre bimbín, el tigre león, el tigre tranca, el tigre tigre, entre otros.
En los barrios, en muchos casos, el tigre es objeto de admiración porque representa la capacidad de buscarse la vida sin hacer daño, realizando trabajos incómodos que una persona normal no haría, como subirse a un poste y robarse la luz, trabajo que puede hacer gratis o por paga. Por otro lado, son seres rechazados o despreciables en el barrio cuando su astucia se convierte en abuso, corrupción o engaño.
Conforme con Lipe Collado y Emilio Pérez, el concepto del tigre dominicano ha cambiado con el tiempo. Señalan los autores que en cada generación surgen nuevas formas de tigueraje, enquistadas en los diversos estratos sociales como consecuencia de las actividades políticas, la situación económica, la migración descontrolada, los medios de comunicación y la modernización. Pero, a pesar del cambio de las circunstancias y del papel que desempeña, el tigre dominicano mantiene sus genes y se convierte muchas veces en un tigre serio.
La principal enseñanza que nos dejan los ensayistas sobre este espécimen dominicano es que este personaje no solo debe entenderse como un sujeto pícaro o negativo, sino que su figura es un reflejo de la historia, de las desigualdades, del ingenio y de las contradicciones de la sociedad dominicana. Aunque los autores proponen no mirar a este individuo con desdén, sino con un espíritu crítico, lo cierto es que nadie quiere que su hijo o hija se case con un tigre, a pesar de que cada quien tiene o ha usado, en algún momento, un tigueraje.