Esta originalidad de la filosofía del Ser, inspirada en la fe, con una teología científica, constituyeron la base fundamental del Tomismo.

 

Tomás de Aquino, nació en Italia, a finales de 1224, fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores,  es el principal representante de la tradición escolástica, y fundador de la Escuela Tomista de Teología y Filosofía. Es conocido también como “Doctor Angélico” o “Doctor Común”,  es considerado santo por la Iglesia Católica.

 

Su trabajo más conocido es la “Suma Teológica”, tratado en el cual pretende exponer de modo ordenado la doctrina católica. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y santo patrón de las universidades y centros de estudios católicos en 1880. 

 

El Tomismo plantea que la fe, que cree en la autoridad divina, y la razón que se basa en la demostración, son diferentes, no deben confundirse; tampoco son contradictorias entre sí, pues las dos proceden de Dios.

 

El Tomismo tiene su filosofía basada en la disciplina de la sabiduría, científicamente da respuestas a las certezas naturales del razonamiento, a los principios del conocimiento humano y al realismo integral. Es la unificación de la verdad revelada y la fe, la razón natural  y el sentido común. Todo esto sin llegar a ser “la filosofía cristiana”, ni necesario para ser cristiano, pero sí es importante como doctrina.

 

La Patrística de San Agustín que le antecede como una filosofía cristiana muy importante, hizo los primeros intentos por equiparar a la fe con la razón, y para ello retomó el pensamiento filosófico griego, en particular a Platón, pero finalmente dedujo que la fe está por encima de la razón.

 

A diferencia de San Agustín, Santo Tomás de Aquino llegó a concluir que es por medio de la razón como podemos manifestar nuestra fe.

 

Por ser una obra  de la razón no puede imponerse por la fuerza de ninguna autoridad, eso sería negar la misma filosofía, debe ser aceptada como un camino a recorrer.

 

El sentido común, como dote de la naturaleza, coherencia de principios básicos y racionalidad, no es el sentido imaginario carente de valor filosófico, es el uso recto de la inteligencia, brota espontáneamente, es una razón natural. No es común porque sea del dominio de la mayoría o el sentir de muchas personas, sino cuando aparece la evidencia objetiva.

 

Referente a la ética tomista, recordando que la ética como tal es la parte práctica de la filosofía, conjuntamente con la lógica y la estética, la ética fue considerada desde su origen por Aristóteles como la ciencia que estudia el comportamiento moral de los hombres en sociedad, de modo que Santo Tomás de Aquino con base a este principio, la adecuó con las enseñanzas morales emanadas de las evangelios.

 

Una distinción que hace Santo Tomás de Aquino de la claridad manifiesta en la razón y la obscuridad, es un principio de la vida eterna, en la fe.  Él distinguió el orden natural del orden sobrenatural, pero ésta distinción es para unificarlas en un objetivo común.

 

Así, al conocer y profundizar en la religión católica sobre la divina revelación y los misterios de la fe, lo hace como una fuente inagotable para el conocimiento teológico.

 

Santo Tomás es el principal guía de los estudios de las disciplinas superiores, él unió la ciencia con la fe, siendo Dios la suprema verdad.

 

Santo Tomás parte de la realidad, pues cuando el hombre conoce su entorno, el ambiente que lo rodea, sus problemas y dificultades, las cosas de la naturaleza, por esas mismas cosas se siente motivado a buscar la felicidad.  La ciencia entonces está al servicio de las personas, es la vida misma lo que conduce a la ciencia de la verdad.

 

El  “doctor angélico” profundizó en el conocimiento de Dios, como principio y fin de todas las cosas, partiendo de lo más elemental: la razón.  Demostrando en las obras visibles de la creación, tal como se demuestran las causas del efecto. El es “El Sol” por el brillo que da a la ciencia y prende las voluntades con sus rayos de virtudes.

 

La encíclica “Aesterni Patris”, del Papa León XIII, del 4 de agosto de 1879, trata sobre la restauración de la filosofía cristiana, conforme a la Doctrina de Santo Tomás de Aquino, recomienda el estudio del Tomismo.

 

En esa encíclica el Papa León XIII invita a los educadores y formadores cristianos a « beber en los ríos puros y limpios de ésta fuente. » También el Papa Pío X, en su Motu Proprio “Sacrarum Antistitum”, del primero de septiembre de 1910, trata sobre la promoción de las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino en las escuelas católicas, para que se establezca el Tomismo como fundamento de los estudios filosóficos y teológicos. 

 

Cuando Jacques Maritain escogió a Santo Tomás de Aquino como su ejemplo y modelo, para actualizarlo, estaba eligiendo a lo máximo de la doctrina cristiana. En diversas ocasiones él recalcó su condición de Tomista, como éste planteamiento:

 

“Si yo soy Tomista....es porque en definitiva he comprendido que la inteligencia ve, y que está hecha para el ser; en su función más perfecta, que no es fabricar ideas, sino juzgar, ella se  capta de la existencia, ejercida por las cosas, y al mismo tiempo forma la primera de sus ideas, la idea del Ser, que la metafísica resaltará a su propia luz en el más alto grado de visualización abstracta”.

 

(Colaboración de: José Gómez Cerda)