La anonimia parece ser una corriente que ha ido ganando cuerpo en las diferentes actividades de la sociedad dominicana, hasta el punto de convertirse en un síndrome social que a veces causa hasta ansiedad entre los ciudadanos.
 
El anonimato en otros tiempos era señal de baja credibilidad o de poca certeza en las cosas que se dicen o que se afirman, no obstante llegamos a un momento en que la condición de anonimato representa  una medida de seguridad mas que de incertidumbre.
 
 Porque cuando se prefiere el anónimo para  dar un alerta sobre algo que afecta los intereses colectivos, se entiende que no hay seguridad para decir lo que se dice o que la inseguridad llega al punto de no señalar las verdaderas raíces de los males que nos acompañan.
 
Una de las muestras del caso que nos ocupa es el hecho que envuelve las acciones del departamento de protección al  consumidor, PROTECOM, especialmente lo que tiene relación con las condiciones de fabricación o elaboración de embutidos, específicamente Salamis, donde por mas que se ha insistido nunca se han emitido nombres e identidades de los principales responsables en esa situación.
 
Entonces, cabe preguntarnos qué tiene más valor en nuestra sociedad, el interés de la colectividad o el poder de intereses particulares que se escudan en el “anonimato”  preferido de nuestras  autoridades…Ahora se construye  con azúcar, pero igual no pasa nada.