No intentemos engañarnos. Junto al horror de una extensa dictadura –ya irrepetible- existe el recuerdo de que las cosas estaban claras. El caos de generales de montonera que como dictadorzuelos manejaban las cosas a su manera y conveniencia  beneficiando a sus parciales, desapareció cuando Trujillo –el Gran Dictador…y recuerdo el homónimo film de Chaplin-  reunió  en las oficinas presidenciales a los más importantes caudillos regionales para informarles que “en este país sólo hay un General: Yo”.  Y los caudillos regionales tuvieron que marcharse con el rabo entre las piernas.


Hoy tenemos un desorden tal, que quien no sufrió  el horror que conllevaba una oposición a la dictadura de tres decenios, o quienes sólo conocen aspectos superficiales, resulta que sutilmente añoran la  seguridad ciudadana que existía durante  esa Era, difícil de entender si no se estudia fríamente, situándose en las  circunstancias del momento.


Hace tiempo que no tenemos dictaduras, sino  democracias. Democracias chuecas. ¿Qué ha fallado en ellas?


La falta de disciplina, la voracidad extendida y mortífera. Los políticos miseriosos que se hacen multimillonarios relampagueantemente tras instalarse en algún escalón  del alto poder. Las prioridades que han acogido mayormente nuestras “Democracias gubernamentales” no han sido las que más convienen a la Nación,  porque han carecido de planes saludables y valientes (exceptuando los siete meses del bien recordado Juan Bosch). Acerca de Joaquín Balaguer, quien también me trató con gran deferencia y puedo y debo calificar de amigo, fue, a mi entender, restringido y condicionado por circunstancias político-militares, complejas, fuertes e interaccionantes.


Las esperanzas  que envolvieron a Leonel Fernández, considerado un Balaguer adecuado para los nuevos tiempos, también un hombre culto, conocedor de la historia y aspirante a una posición preeminente en la Historia Nacional, están cayendo en un foso extraño…inexplicable.


¿Qué pasó? No parece que tiene las mismas limitaciones que tuvo Balaguer. No acaba de mal pasar el descabezamiento de un régimen terrible, una Guerra Civil que nos honra, una intervención militar norteamericana que nos duele, ni tampoco los peligros de altos militares enfrentados, capaces de cualquier diablura. El pueblo, sedado de decepciones,  acepta con fatiga lo que sea.  Es  la efectividad precaria del maquillaje. Lo extraño es que el Presidente Fernández pide opiniones a reputados expertos internacionales, ¡contratados por el Gobierno!… y no les hace caso. Asombra que verdaderamente existe  libertad  de prensa y de expresión radial y televisiva, ¡pero tampoco obtienen acogida! Hasta el más duro insulto es ignorado.


¿Se trata de la ataraxía de Demócrito, que los epicúreos, los  estoicos y los escépticos griegos llevaron hasta reducirla a una imperturbabilidad, “ausencia de inquietud”?


Inquiétese, Presidente, inquiétese, que falta hace.


Fuente:www.hoy.com.do