Cuando cae la dictadura trujillista, los militares y policías que fungían como brazo derecho de la represión que por más de 30 años mantuvo el pueblo dominicano en total y absoluto control de sus sublevaciones, asumieron el rol, unos de sumarse al movimiento en contra de los remanentes de la dictadura, y otros se solaparon, para luego colarse en las instancias de poder, a través de las fuerzas ultra conservadoras que represento el Dr. Joaquín Balaguer.

 

Luchas tras luchas libradas por el pueblo dominicano en la búsqueda de la democracia, encontraron siempre el atajo de militares y policías que asumían el rol represivo que contuviera la expresión de libertad que cundía por doquier, con aires renovadores, en la conciencia del pueblo dominicano, que había aprendido a organizarse en sindicatos, asociaciones y federaciones, que les ofreciera la cobertura a sus demandas y la plataforma social de la protesta.

 

Grupos del alto mando de militares y policías se parcelaban en equipos de representación y de presión para que el gobierno del Dr. Balaguer, surgido en 1966 de unas elecciones viciadas, con el contubernio de la intervención norteamericana del 1965, validaran sus fuerzas y su poder, para dirigir los puestos de mando del país, tanto de las Fuerzas Armadas como de la Policía Nacional.

 

Así estos Generales conformaron fuerzas internas de poder que no solamente se disputaban el favor del Dr. Balaguer para disfrutar sus privilegios, sino también de los organismos de seguridad de los Estados Unidos que incidían de manera preponderante en las políticas de exterminio del movimiento democrático y revolucionario del país en lo que fue la etapa de mayor connotación represiva que vivimos luego de la desaparición física de la tiranía trujillista.

 

Neit Nivar Seijas, Enrique Pérez y Pérez, Salvador Lluberes Montas (Chinino), Caonabo Reynoso Rosario, Robinson Brea Garo, Luis Neit Tejada Alvarez, José Ernesto Cruz Brea, Elio Osiris Perdomo Rosario, Rafael Guillermo Guzmán Acosta, Ramón A. Soto Echavarría, Hernán Despradel  Brache, Belisario Peguero, Luis Arzeno Regalado, Marcos Antonio Jorge Moreno, Félix Hermida, Braulio Alvarez Sánchez, y Ramón A. Soto Echavarría, como los mas depurados y connotados miembros de la elite castrense de ese momento, conformaron grupos del poder represivo que se disputaban las ejecuciones mas dantestas y desapariciones de la mayor parte de las cabezas más preclaras del movimiento revolucionario que encabezaban las mayores protestas sociales, que hicieron posible retomar la democracia con la llegada en 1978 del Gobierno de Don Antonio Guzmán Fernández.

 

Pero de toda esta etapa de muerte, luto y dolor que proliferaba por doquier, en una cacería interminable del pensamiento político de avanzada, pudo lograrse al fin, el camino a la democracia y la estabilidad política, para que hoy las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, exhiban de manera institucional la representación de seguridad pública y de protección social, contando con jefes militares y policiales que han logrado dignificar la carrera de los cuerpos castrenses, lo que debemos preservar e incentivar, para evitar que ahora o en el futuro, puedan ser utilizadas como mecanismos de manejos electoreros, que atenten contra la libre expresión en las urnas del deseo de cambio del pueblo dominicano, de manera que no se permita revivir lo que otrora ocasiono tantas inestabilidades y confrontaciones fratricidas.

 

Por eso saludamos que la Policía Nacional, al mando hoy del Mayor General José Armando Polanco Gómez, este diseminando en la provincia de Puerto Plata, un concepto de administración incluyente y participativa, donde comunidades como Villa Isabela y Luperón hayan resultado beneficiadas con un nuevo y moderno cuartel, donde se dignifica el ejercicio de sus subalternos y donde además las comunidades del oeste de la provincia de Puerto Plata se nutren de mejores condiciones para su protección y ejercicio de ciudadanía. 

 

Un cambio real, que resume el avance que se ha podido lograr dentro de nuestros cuerpos militares y policiales, que consolida la conciencia del legado dejado en la profesionalización en los cuarteles que ha servido para catapultar nuevos valores que aplican los conceptos sociales en el ejercicio de su mandato.