A muertos violentamente en enfrentamientos entre bandas y de estos con policías y soldados, corrupción, masacres contra la población desarmada, delitos asociados al delito principal, etc. Y al entrar todos de una u otra forma a esta forma de ver el fenómeno social, nos parece que se deja de lado una pregunta fundamental: ¿Qué es el narcotráfico?

 

Si se estudia al narcotráfico como el fenómeno social que es y no solamente como la nota roja cotidiana a la que por fuerza y/o por grado nos hemos acostumbrado, veremos que el narcotráfico es, antes que otra cosa, una Empresa Capitalista. Una empresa capitalista que puede ser analizada desde el punto de vista crítico que se aplica a cualquier otra empresa, ya que, descartando (hasta cierto punto) sus muy peculiares procesos -violentos-, funciona de manera semejante a cualquier otra empresa capitalista independientemente del giro a que dicha empresa se dedica.

 

El Narcotráfico desde el punto de vista del Capital.

 

A despecho de lo que los medios de difusión pretendan hacernos creer, la empresa “legalmente” establecida y la Empresa del Narcotráfico comparten más cosas de los que los primeros quisieran creer.

 

  • 1.- El narcotráfico, la estructura empresarial del narcotráfico, es una estructura autoritaria, vertical y antidemocrática, como cualquier estructura empresarial legal, no importando si es transnacional o microempresa.
  • 2.-La estructura empresarial del narcotráfico está planeada para garantizar que sus dueños principales (ahora Familias, hace 30 años personas individuales) sigan obteniendo los beneficios que esperan de la “inversión” realizada (material y humana), tal y como lo hace cualquier estructura empresarial “legalmente establecida”,.
  • 3.-Por lo anterior, la empresa legal y el narcotráfico tienen perfectamente establecida la división capitalista del trabajo: hay quienes toman las decisiones en los altos mandos y hay quienes obedecen la orden sin replicar. En este sentido, tiene el mismo valor despedir un trabajador que ejecutar de un balazo en la cabeza a un “camello”, “burro” o como se le llame en la jerga local. En ambos casos de lo que se trata es de reforzar el sometimiento al jefe y la vocación antidemocrática de la empresa.
  • 4.-En ambas estructuras empresariales y como consecuencia de la división capitalista del trabajo, la necesidad de ampliar tanto la forma como el fondo de la empresa es una constante que tanto dueños, accionistas, Familias, trabajadores y combatientes deben de tener cual mantra íntimo. O dicho de otra manera: la ampliación del mercado de acción de la empresa “legal” y la del narcotráfico es una constante que valida, un día sí y otro también los estudios marxistas y/o críticos de la sociedad capitalista. Que esta ampliación del mercado sea realizada desapareciendo a la competencia vía su compra, espionaje, eliminación física, intimidación, tortura o soborno o todo lo anterior junto es algo que no encubre el hecho principal de la ampliación. Y está más que documentado que una y otra forma empresarial no dudan las más de las veces en recurrir a métodos que no los distinguen.
  • 5.- Ambas estructuras empresariales comparten la vocación del robo al presupuesto público, la evasión fiscal de los impuestos y la búsqueda de tener “autoridades a modo” que no interfieran con la buena marcha de los negocios. Comparten la doble contabilidad, la declaración nula (que es equivalente a la falta de declaración) que permite que las ganancias no sean gravadas, y la necesidad de “un buen clima para los negocios”. Nuevamente como en el caso anterior, lo único que parece cambiar son los métodos, y no tanto, como más de una vez los periódicos de la nota roja y las investigaciones académicas se encargan de poner en evidencia.

Está de más decir que los cinco puntos listados se refuerzan constantemente unos a otros, y desde nuestro punto de vista, cualquier otro agregado por parte de los lectores solamente reforzarían los puntos ya mencionados.

 

Ahora bien, se preguntarán ustedes, si ambas estructuras empresariales se parecen a este nivel, ¿de qué tipo de empresa estamos hablando? ¿Es el narcotráfico una empresa productiva o es una empresa más bien de carácter financiero?

 

Responder esta pregunta no será sencillo sino se toman en cuenta los siguientes hechos.

Desde hace más de un cuarto de siglo, todas las empresas, sin importar a qué se dediquen, nominalmente, obtienen su ganancia principal vía la especulación financiera ya qué, como bien saben los lectores, la ruptura por parte de los Estados Unidos de los acuerdos de Bretton Woods en los años setenta del siglo pasado produjo una inversión del hecho, vigente hasta entonces, de que 90% del capital circulando a nivel mundial se dedicara a la producción, y 10% a la especulación. A partir de la ruptura de esos acuerdos, 90% del capital circulante está dedicado a la especulación y 10% a la producción, ya qué, como se sabe, y este es el otro hecho que deseamos resaltar, Marx aclaró que al capitalista no le importa como se obtenga la ganancia: si es por la vía de la producción o por la de la especulación. De todos modos, no importando la actividad empresarial ni la legalidad o falta de esta, en ambos casos la empresa capitalista necesita de la explotación del trabajo, a despecho de lo que los alucines de los teóricos del fin del trabajo quieren hacernos pensar. Y este es el tercer hecho que se desea resaltar.

 

Con lo inmediatamente anterior, podemos decir que la empresa capitalista del narcotráfico es una empresa de carácter básicamente especulativo, como casi todas sus primas “legales”, en donde la única diferencia, pero fundamental, que tiene la primera con las segundas es que el nivel de ganancia es muy superior en el narcotráfico por el simple hecho de que la inversión, por increíble que parezca, es mucho menor que la de cualquier otra empresa, y los beneficios por la comercialización de la “mercancía” son espectacularmente mayores que la de cualquier otra mercancía legal o ilegal.. Es decir: a pesar de los “gastos” que la empresa narcotraficante tenga que realizar para mantener la salud de los negocios, el gasto no llega a ser ni la mitad de lo que sus hermanas legales tienen que invertir para que el nivel de ganancias que pueden obtener por “circular” su producto se acreciente, ya que en realidad producir la mercancía “cuesta poco”, algo que las otras empresas jamás podrán soñar con tener. Y este es un asunto no menor que explica por qué se “combate” a la estructura empresarial del narcotráfico.

 

La estructura empresarial del Narcotráfico “bajo fuego”.

 

Hemos puesto entrecomillado lo de bajo fuego por qué queda claro por los estudios académicos, los economistas y los corredores de bolsa que si verdaderamente se quisiera terminar “con la amenaza del narcotráfico” lo único que se tendría que hacer es invertir la relación producción-especulación de tal manera que el 90% del capital circulante a nivel mundial se vuelva a destinar a la producción: regresar a la situación de hace cuarenta años. Pero, ¿cuándo creen ustedes que esto va a suceder, queridos lectores? Pues en el momento en que el infierno empiece a existir y este empiece a enfriarse. O dicho de otra manera: a menos que una lucha de clases por parte de los trabajadores del mundo obligue a rectificar esta situación, por un lado, y/o la caída de la tasa de ganancia obligue a otras medidas , los capitalistas, ya sean narcotraficantes o legales, no tienen razón alguna para cambiar esta situación, y en esto los gobiernos y los políticos los seguirán aunque su dios se presente y les diga otra cosa. Y otra cosa: la plusvalía que ambos tipos de estructuras empresariales obtienen del trabajador (¿es necesario aclarar que tasa de ganancia y plusvalía no son lo mismo?) en las circunstancias actuales es algo que no van a renunciar a menos que sean obligados a ello o de plano desaparezcan como clase explotadora. Y también hay otra razón por lo cual el asunto de bajo fuego no es más que una propaganda para consumo idiota.

 

La empresa del narcotráfico ha salvado a las otras empresas por medio del proceso conocido como blanqueo de dinero. Es decir: el tan temido, combatido y odiado blanqueo de dinero es la sangre que a permitido a bancos y empresas legales sobrevivir y vivir y poderse reestructurar para seguir sacando plusvalía de los trabajadores. Esto es tan cierto que el año pasado la revista mexicana Proceso comentó que al menos 40% de la economía mexicana está vinculada, de una forma u otra, a las actividades del narcotráfico. Esto es tan cierto que regiones enteras de Colombia viven de acuerdo a los que los reyes empresariales del país dicen que debe ser. Esto es tan cierto que en regiones enteras de Italia y Rusia todo mundo sabe que las mafias sustituyen autoridades. Todo esto es tan cierto que hace tiempo las autoridades formales que dicen representar a sus sociedades están ausentes por qué muchas veces están ocupadas, como en México, de convertirse en uno de los bandos en guerra.

 

Entonces, salvo que algunos de ustedes se deje llevar por moralinas idiotas como Felipe Calderón, el asunto del narcotráfico se tiene que ver como es: un asunto político, económico y social. Y tan esto es así, que aunque Fecal quiera organizar una cruzada de idiotas “contra el mal del narcotráfico”, sus “subordinados” si saben de que lado sopla el viento y no dejan de ver la economía del asunto. Y de hecho, es la única visión que tienen, y si no que le pregunten a la Cotorra y a la Marrana.

 

Ahora bien, ¿de que manera vive el trabajador lo anteriormente descrito?

 

El Narcotráfico desde el punto de vista del trabajador.

 

Para el trabajador, entendido este como toda persona que aporta exclusivamente su fuerza de trabajo (ya sea intelectual, ya sea manual), en un tiempo socialmente determinado para obtener una paga que le permita reproducirse, las cosas no se presentan tan sencillas como se pudiera pensar en un momento, salvo que se pertenezca, o se crea pertenecer a esa elite que hace uso de discursos rimbombantes válidos solamente para los iniciados.

 

Para el trabajador, ya sea que este se encuentre en una empresa pública o privada, la violencia del narcotraficante y los crímenes generalmente anexos a esta práctica delictiva es una cotidianidad que se refleja tanto de manera evidente como indirecta en sus vidas. De manera directa al verse como víctima involuntaria de los salvajes enfrentamientos entre bandas y de estas con las fuerzas policiales y militares, o de los múltiples delitos como el feminicidio, la venta de mercancías ilegales y la esclavitud y la prostitución forzada a la que se ven sometidas varias miles de personas, con el dolor emocional que esto implica.

 

Pero existe también una manera indirecta en la que los trabajadores se ven afectados por las actividades de la empresa narcotraficante. Si la actividad económica de una nación tiene hasta 40% de aportación del dinero del narcotráfico, si los bancos privados que en teoría deben financiar el desarrollo económico de una nación han sido rescatados por el lavado de dinero del narcotráfico, si cada vez más múltiples actividades de servicios y producción caen bajo control de la empresa capitalista del narcotráfico, poco o nada importa si un trabajador está o no involucrado directa o indirectamente en aquella empresa, poco importa o nada si se es vendedor, dueño de una microempresa, maestro, profesionista independiente, ama de casa, estudiante, empleado público o de empresa privada: nunca podrá garantizar (aunque en ello le vaya sus convicciones morales, aunque no se drogue ni siquiera con alcohol de chocolates envinados), que su salario, que el préstamo bancario que pide, que el servicio que paga o que la mercancía que adquiere no esté de alguna manera siendo parte de la extensa cadena de lavado de dinero. Es decir, que independientemente de sus convicciones, es posible sino que es muy probable que esté contribuyendo al agrandamiento y la consolidación de la empresa capitalista del narcotráfico. Y si esto es cierto, no tiene manera de saberlo, a lo más de sospecharlo, al menos hasta que la policía y/o los militares lo detengan.

Mención aparte merecen los trabajadores directos del narcotráfico.

 

La empresa capitalista del narcotráfico ha materializado lo que para muchos era una alegoría exagerada de los comunistas acerca de que el capitalismo y sus empresas chupan la vida y la sangre de los trabajadores.

 

De manera evidente para todos, estén o no trabajando directamente, ser trabajador en el narcotráfico significa antes que otra cosa ingresar a una empresa de la que no se sale más que muerto o de “testigo protegido” de las autoridades. Significa para el trabajador que su vida, dependiendo de una serie de factores que no se encuentran bajo su control, sea productiva no más de 5 años en promedio, en los mandos operativos inferiores y 10 en los medios y superiores. Y dejar de ser productivo en esta empresa significa que termina la vida misma. A cambio de este brutal hecho, la empresa capitalista del narcotráfico da a sus trabajadores una serie de ventajas que no obtendrán los trabajadores de cualquier otra empresa capitalista: un salario que supera con mucho lo que puede obtener cualquier otro trabajador promedio no importando el nivel de estudios que tenga; un poder casi ilimitado para realizar cualquier otro tipo de empresa ilegal (secuestro, extorsión, control del mercado de piratería, etc) generado por la impunidad ante las autoridades nominales que los trabajadores de esta empresa tienen en la cual no responden más que a sus jefes inmediatos, y acceso a una serie de satisfacciones que no están a disposición de los demás trabajadores: el alcohol, la droga misma y la prostitución en sus diferentes variantes.

 

El asunto de la pérdida de la vida no es diferente de lo que sucede en las demás empresas capitalistas ya sean públicas, ya sean privadas: lo único que difiere es en grado. Pero para el trabajador no deja de ser una diferencia muy importante: salir como un viejo pensionado con un salario que no alcanza para cosa alguna (o sin pensión), o salir en la plenitud de la vida en una bolsa negra del Servicio Forense y generalmente a una fosa común. Cómo se termina indica cómo se vivió, mientras que el capitalismo se lleva todas las ganancias.

 

Y quienes crean que los trabajadores del narcotráfico son solamente venidos del lumpen (cara palabra a la izquierda intelectual) deberían de pensarlo más detenidamente. Si bien es cierto que en los años setenta y ochenta del siglo pasado, los que se involucraron en el tráfico de drogas como “jefes” fueron personas sin miedo y sin escrúpulos que venían de los estratos más desamparados de las sociedades, actualmente los “jefes” -y aquí podemos decir sin miedo a equivocarnos: empresarios, CEO- vienen de una formación educativa de universidades privadas de elite tanto nacionales como extranjeras, en las que se han codeado con los hijos de empresarios “legales”. Los actuales dueños, empresarios que bien podrían estar dirigiendo alguna transnacional “legal”, ya no se parecen en casi nada a los primeros “jefes”, salvo en la disposición de hacer lo que sea necesario para defender su empresa, asesinatos, enfrentamientos y sobornos incluidos.

 

Y lo mismo pasa con los trabajadores: finalmente, ¿en qué otra cosa puede trabajar un recién egresado de una universidad privada o pública que no quiere ser ingeniero tras el volante de un taxi, contador detrás de un mostrador de una tienda de telas o médico que patea las calles todos los días entregando muestras médicas de una empresa farmacéutica transnacional, todo esto con salarios de miseria, cortesía de los gobiernos neoliberales y de los empresarios voraces legales? Y eso en el caso de que sea un “afortunado” con educación superior, todos saben que oportunidades tienen los que con esfuerzos llegaron a la educación media o media superior y menos de 25 años.

 

No solamente los “lumpen” acceden a esta oportunidad, hay que llamarla de alguna forma, laboral.

 

Conclusiones.

 

Todo lo anteriormente escrito ha sido documentado por investigaciones académicas, policiales y periodísticas, Lo único que hemos tratado de realizar aquí en un engarce de varios hechos que se presentan por lo general de manera aislada y/o ocultos por el adormecimiento que genera la cantidad y la saña con la que tanta gente ha muerto. Adormecimiento que bien podría ser una forma de salud mental para sobrevivir ante tanto horror. Finalmente, se dice que el ser humano solamente puede procesar y sentir muy pocas muertes: cientos o miles es algo que difícilmente se puede mantener en un marco de referencias coherente. Esto se vio como lo relata H. Arendt en su libro sobre Eichmann y su juicio en Israel. El criminal de guerra podía relatar los “aspectos técnicos” que le permitían al régimen nazi acabar con la vida de miles de los que consideraba “sus enemigos” con una parsimonia que asombraba y estremecía al público presente, pero perdió el control el día que un testigo relató como el criminal de guerra ahorcó con sus propias manos a un adolescente, casi niño, negando de manera demencial haber hecho esto. Pudo aceptar la muerte de miles “porqué obedecía órdenes”, pero perdía los estribos por lo del niño.

 

Si mencionamos lo inmediatamente anterior, es para decir que algo semejante nos está sucediendo en las sociedades que de una manera u otra se encuentran sometidas a la existencia de la Empresa Capitalista del Narcotráfico. Y esto está siendo utilizado por los capitalista de todo el sistema para que nadie cuestione la actual recomposición orgánica del capital, no en vano el narcotraficante es el primer empresario que entendió “la globalización”, entendida esta como el saqueo impune acompañado de la circulación sin restricciones de capitales. Pero no es nada nuevo esto que mencionamos: ya ha sucedido en la truculenta historia del capitalismo mundial, recuérdese como algunas naciones realizaban negocios por encargo con piratas y bucaneros que sembraron en su época el terror en muchos lados del mundo (como hoy los narcotraficantes) mientras decían que los descalificaban y combatían. E igual que en esa época, no hay manera de distinguir actualmente, entre los “negocios legales” y los “negocios ilegales”, entre los métodos que uno y otro tipo de negocios utilizan para mantener su buena marcha (salvo en el grado, insistimos en esto) y en la forma en que el trabajador es explotado en la obtención de su plusvalía (salvo en el tiempo transcurrido, también insistimos en esto): la forma cambia pero el fondo sigue. Entender esto, ver que nada diferencia a unos y a otros, que los narcotraficantes son tan criminales como los empresarios legales (por qué finalmente no ha cambiado el hecho de que la clases dirigente de este país y quienes aspiran a unirsele o sustituirla desde hace mucho son voraces de los recursos naturales del país y de su gente, depredadores antinacionales que no dudan en poner en duda su propia viabilidad con tal de que su visión cortoplacista siga prevaleciendo), no prestarse en una “guerra” cargada de dudosa moralidad para esconder los delitos empresariales, creemos que es la primera manera en que los trabajadores de la nación y del mundo puedan empezar a salir de esta larga noche de barbarie capitalista.

 

Fuente:www.rebelion.org