Cuando un hombre o mujer transita por sendas luminosas, una estela brillante surca los espacios y en ella se abren caminos inéditos que conducen a los pueblos hacia estadios novedosos, cargados de enseñanzas y preñados de esperanzas, esos hombres o mujeres trascienden mas allá de la historia porque son enviados por el eterno para demostrar el poder infinito de su gloria.
Por eso, cuando uno de esos seres entregan su ultimo hálito de vida, no es cierto que muere; sencillamente es que ha llegado el momento del llamado de la eternidad, es cuando cesa la transitoriedad de la vida y su vida se hace perenne, porque cada uno de esos personajes elegidos viajan a lo infinito a ocupar su espacio en el mundo de los inmortales.
No trato de hacer con esto una apología de la muerte, no obstante, cuando ella es esperada, deja de ser muerte, sino un comienzo de la vida, esa que no necesita de espacios terrenales, porque se queda grabada en la vida de los demás, de generación en generación y aun cuando ellas dejaran de existir hasta los elementos se encargarán de presentar las huellas de aquellos que ya no son.
Estas líneas que anteceden me remontan a muchas figuras, entre ellas Jesús Cristo, Mahatma Gandhi, Madre Teresa de Calcuta, Mao Set Tung, Vladimir Lenin, Fidel Castro y ahora Hugo Chávez Frias, todas ellas han brillado con luz propia, dejaron abierto un camino por donde transita la humanidad.
Por tanto hoy, que una gran parte de esa humanidad presencia consternada la partida física de uno de esos personajes, esta vez conocido como Hugo Chávez Frías, hemos de decir que no se trata de su muerte, porque muere quien deja de existir, pero quien responde al llamado de la eternidad, pasa al plano de la trascendencia, para quedarse presente por siembre…
Hasta pronto… [email protected]