La sociedad dominicana ha sido testigo de innumerables incidentes relacionados con agentes de seguridad del sector privado en los que los hemos visto tanto en el rol de víctimas como de victimarios.

 

Las terribles condiciones de trabajo, las horas continúas, la edad, los bajos salarios son sólo algunas de las variables que podrían ser abordadas y definidas como estresores para estos individuos.

 

El estrés es un factor tanto precipitante como predisponerte de innumerables problemas físicos y psicológicos.

 

Los estudiosos de la personalidad están de acuerdo en que la misma se desarrolla en etapas y que para pasar al próximo nivel debe haberse superado el anterior. Maslow, uno de estos teóricos diseñó una pirámide en la que ubica la satisfacción de las necesidades básicas (alimento, sueño…) como la base, significando que es sobre éstas que se apoyan todas las demás necesidades y que las personas harán todo lo que esté a su alcance para satisfacerlas.

 

La incapacidad para satisfacer esas necesidades genera estrés, que puede ser el motor que impulse a acciones de tipo delictivo y que por otro lado mueve a aceptar condiciones de trabajo desventajosas. Todo esto se suma a la incapacidad de afrontar estos factores estresantes que poseen estos empleados, que en muchos casos disponen a penas, de la educación elemental y de modelos familiares y sociales adecuados.

 

Debemos velar por el bienestar de estos ciudadanos en  particular y de la sociedad en general, por medio de proporcionarles herramientas de afrontamiento. Esto sólo es posible si se tiene la real obligación de someterlos a análisis psicológicos y capacitación.

 

También debemos exigir a las autoridades la regulación de las condiciones de trabajo de estos hombres, para reducir la vulnerabilidad a la que están expuestos y promover, por lo menos, la satisfacción de sus necesidades básicas en cuya carencia aflora el estrés.

 

Colaboración: Glenys D. Lara Inocencio