Cuando le toque  sentarse en una oficina o  despacho de un funcionario  público , cual que fuere prepárese para luchar con las características propias que se observan en el comportamiento y en la actitud de un funcionario o funcionaria pública en la República Dominicana.
 
El orgullo, el envanecimiento, son unas de las tantas descripciones que llegan a mi mente, para describir el momento en que un contribuyente se ve en la necesidad de requerir algún servicio público y debe  ser atendido por un funcionario del  gobierno de cualquier jerarquía.
 
  Si usted  ha tenido la suerte  de no requerir algún servicio. Prepárese parecería que nos sentamos al lado de las columna donde esta Zeus o  Júpiter  o cualquiera de las deidades del Olimpo, porque aquí un carguito o una designación publica conduce a que las personas que la ostentan se conviertan en pequeños dioses.
 
Si usted duda del a certeza delo escrito acérquese un día de estos a cualquier institución pública, especialmente aquellas que se relacionan con educación, el poder judicial entre otras en las que sus funcionarios e incumbentes se creen tan elevados, que ven a los ciudadanos comunes como hormiguitas.