El monarca habló: no se van a engalanar los parques ni el edificio del ayuntamiento, por mandato del monarca.  Ni la Sala Capitular, ni quienes la componen, interpelaron esta decisión.  Tampoco ninguno de los súbditos  que están a su servicio,  tuvieron la osadía de contrariarlo y hacerle ver que una ciudad, no tiene que sufrir las consecuencias temperamentales de su Alcalde, porque en definitiva, los espacios públicos deben estar para ser disfrutados por la gente, y ponerlos al servicio de la festividad que se celebra, para que la ciudadanía pueda sentirse respetada y valorada.

 

No hay razón, ni lógica posible, que haya impedido que el Alcalde de Puerto Plata, Lic. Walter Musa, haya obviado su responsabilidad pública, obtenida por el voto de la gente, para que estas navidades no se engalanaran nuestros parques con motivos navideños y luces alegóricas, para que la festividad de la Navidad y el Año Nuevo, estuvieran complementadas, por lo menos, con una visual armónica alusiva a la fecha que se conmemora.

 

Por mas esfuerzo que hagan las instituciones que agrupan el sector turístico y de ciudadanos preocupados por reactivar nuestro destino turístico, si no cuentan con autoridades que se pongan al servicio de asumir sus responsabilidades, la imagen de nuestra ciudad seguirá siendo un baldón alicaído, deficiente, malnutrido, sin atractivos suficientes que contribuyan a despertar el deseo de los turistas de acudir a visitarnos.

 

Una ciudad es el hogar de todo un conglomerado, es el lugar donde elegimos autoridades para que puedan ejercer no sólo con idoneidad el cargo que sustentan, si no también para que nos representen y nos hagan el lugar más vivible, menos inhóspito, con mejores condiciones de sentirnos insertos en la evolución normal de la modernidad.  No elegimos monarcas, si no autoridades que deben responder a las demandas, tanto físicas como espirituales, que contribuyan armonizar la vida de la gente y de  su entorno.  

 

Pero la realidad nos dio en la cara: el monarca hizo su dictamen, y todos los súbditos callaron.  La ciudad de Puerto Plata se quedó sin la festividad que se despliega cuando los espacios urbanos públicos resplandecen y se proyectan al unísono del sentimiento de la gente. El Alcalde, cual monarca sin corona, decidió que nuestros parques, fundamentalmente central o plaza Independencia y el edificio de nuestro ayuntamiento se quedaran sin motivos alegóricos a las festividades navideñas y con ello condenó a toda la ciudadanía a purgar la ausencia de lo que emana cada año de sentir la armonía del ornato, sin desmedro de la realidad económica que vive el pueblo dominicano, producto de los graves problemas en que ha sumido al país el gobierno del PLD, que este 2011 hace que concluya con un gran deterioro de las condiciones de vida de los/as dominicanos/as y que Walter Musa como Alcalde de Puerto Plata contribuyó de manera adicional a bajar la autoestima de todos y todas en nuestra ciudad.

 

Pero el Alcalde Walter Musa, cual monarca, signó un decreto, obviando que fue elegido para sustentar una ciudad que se mantenga de manera armoniosa con las expectativas creadas por la ciudadanía, de ahí que, convertir “la ciudad en un escaparate y el  alumbrado en uno de los polos sugerentes de atracción de niños y  adolescentes”, es una manera de poder contribuir a vestir la ciudad para incentivar la actividad comercial y fomentar el turismo con el fin de estimular el consumo; pero como si la voz de la ciudadanía no contara para sus elucubraciones personales, decidió de manera monárquica y unilateral no decorar la ciudad y dejarnos desprovistos/as a todos/as, de la galanura que nos motiva esta festividad. Primó así el dictámen de un monarca, pero de un monarca sin corona.