Un pueblo que canta, grita, salta ríe y llora cuando ve compensada su esperanza, es un lugar propicio para la esperanza cuando ella se viste de los colores de la patria, una nación que se siente unida cuando la toca la suerte o la desgracia, es un embrión de gigantes que se desarrolla y camina  en pos de la gloria.
 
Se trata de una herencia milenaria salpicada de múltiples rasgos raciales sembrados en una tierra díscola,  dócil y recelosa bañada de un cristalino y rebelde océano sembrado en el mismo trayecto del sol, escoltado por caña y caoba cubierto de gloria guerrera en medio de una esperanza desierta.
 
Aquí las penas son dulces y lo amargo se hace alegre  cuando caminamos en busca de la gloria porque sabemos ser grandes entre los grandes y valientes sobre los valientes sea cuando vamos al cadalso del suplicio o cuando marchamos juntos por las sendas de los laureles, porque un 19 de marzo de 1844, nos visito la gloria y volvió para quedarse este 19.
 
Ser grande no es disfrutar de gran tamaño, es erigirse por sobre los elementos cual vuelo de palomas o colibrís, fastidiando el vuelo de las águilas y los halcones dejando sembrado nuestro nombre sobre las cumbres de la historia… así me siento después de tan necesaria victoria…