La frase: “¡ E´ pa´ lante que vamos !” convirtió al partido político que la utilizó, en un producto de fácil venta, porque provocó las reacciones emocionales previamente calculadas, sin el riesgo de que nadie razonara, nadie se detuvo a pensar en la propuesta hueca  que se le vendía.

 

Aquella frase era un producto político al que no le ligaba ninguna asociación agradable, con los líderes de cara dura, de carácter soberbio  y algunos hasta de proceder atropellante.  Montados todos sobre la tabla de salvación de una frase.  Tuvieron éxito y retuvieron el poder.

 

En otro torneo electoral ¿quién no recuerda el impacto electrizante del estribillo “Llegó papá”, utilizado en la campaña política del año 2000 en la misma media isla del Caribe? El candidato beneficiado y bautizado por este estribillo, de no haber sido por su incapacidad de contener el producto de sus razonamientos primarios  (defecto que le adorna) y de la proclividad a fagocitarse de la dirigencia de su partido, todavía fuera alguno de ellos presidente.

 

Fue de tal magnitud el alcance propagandístico del estribillo político “Llegó papá”, que muchos años después de haber dejado la presidencia, sin ser candidato, donde quiera que llega el intempestivo personaje, la gente lo recibe con el mismo slogan: “llegó papá”.

 

Este estribillo, de dos palabras y de enorme contenido emocional y afectivo, se convirtió en la imagen del partido y del candidato, sustituyó el debate de ideas y programas de gobierno, todo giró en torno a esa imagen paterna, caprichosa y dicharachera del candidato, que sin proponérselo se convirtió en una simpática antítesis del presidente que gobernaba y del candidato que enfrentaba, que por su origen clase-medista, proyectaban una imagen de refinada intelectualidad, de guantes blancos y perfume de Paco Rabanne.

 

El slogan “llegó papá” constituyó el jaque-mate a la época de los discursos de caudillaje intelectual,  de colofón al afanoso trabajo publicitario de vender ideas y persuadir consumidores electorales con discursos de barricada, sirvió además para abrir de par en par las puertas del mercado electoral al malhadado populismo, y para desgracia del pueblo dominicano, retornamos al ya desterrado paternalismo caudillezco.

 

Los demiurgos de la parcela política de la pequeña burguesía,  entendieron la fuerza irracional de la masa de votantes dominicanos y (cuatro años después) respondieron al estribillo demoledor de  “llegó papá”, con un estribillo que más que exaltar la imagen de un candidato, se aprovechó de las pifias de las insólitas respuestas que brotaban de su incontinencia contestataria. Y, sin decir que el “papá que llegó” fue mal gobernante, simplemente idearon otra frase  provista de fuerza igualmente avasalladora:  “E´ pa´ fuera que va”, que llevaba en el interior de su significante, toda la carga de errores administrativos, de revanchismo autotrófico del partido gobernante, que de ser un símbolo de esperanza política, pasó a ser un coliseo lleno de fieras insaciables, que lejos de entretener a las masas, las llenó de disgusto.

 

Establece Gustave Le Bon, que: “…ya integrada, la masa psicológica adopta “características generales provisionales, pero determinables.” Lo cual quedó demostrado en las elecciones del año 2004.  

 

Explicar el alma de las masas no es sencillo; su formación se modifica, no tan solo ante el influjo de las características de una raza y la estructura de las comunidades, sino también como respuesta a la esencia y la categoría de las excitaciones a que está subordinada.

 

De las masas no puede decirse que siempre son, sino en lo que pueden convertirse en respuesta a una influencia, provocando que los sentimientos y pensamientos de la colectividad generados por un acontecimiento, se alineen en similar trayectoria. Manifestándose así lo que Gustave Le Bon ha denominado: “el ser colectivo sometido a la ley psicológica de la unidad mental de las masas

 

Ya ubicado el origen dado por Gustave Le Bon al “alma de las masas”, podemos hablar de la conciencia colectiva  y de cómo, sin que medie ningún condicionamiento, la información, puede penetrar en esta masa unificada de sentimientos, en tanto que “masa” o entidad, marginando la posibilidad de cualquier opinión  individual, ni el grado de experiencia, asumiendo que todas las audiencias (los miembros de la sociedad) son (por naturaleza humana) singulares y pasivas.