¿Ha oído a un músico de Jazz? Su habilidad, su destreza, su virtuosismo son el fruto de largos años de estudio y más largos años de práctica agotadora.
Lo mismo se puede decir de Tatico Henríquez. Conocía el acordeón hasta el mínimo resuello. Fue paciente estudioso, desde niño, hasta los 33 años, cuando murió, (autodidacta, porque a nuestros gobiernos no les importa esa riqueza que se nos pierde) y fue maestro de su instrumento como cualquier Charlie Parker.
Sus improvisaciones, como las de los grandes maestros, son memorables. Pero la improvisación allí, como entre los grandes del Jazz, no es tal: es creación al más alto nivel. Nadie crea de la nada. La creación es el fruto de la perfección de lo que se conoce, se estudia y se practica permanentemente.
Y en nuestra Educación, ¿cómo podemos crear si vivimos inventando un plan tras otro? Que no respetamos nuestros planes y propósitos, lo demuestra el no cumplimiento de la Ley de Educación que nos dimos hace más de diez años.
De ñapa, ahora descubrimos también que debemos discutir sobre la filosofía de nuestro sistema educativo. Y así vamos de descubrimiento en descubrimiento.
El más reciente es la transversalidad y en tal virtud se propone diluir en las otras disciplinas la enseñanza de la lengua en el nivel básico. ¿Irá también a la educación Media? No sabemos. Porque otra de las características de nuestro sistema son los planes en secreto.
Transversales son todos los conocimientos al fin y al cabo. El problema es que se necesita la maestría del músico de jazz o de Tatico para saber eso y ponerlo en práctica y para eso necesitamos más del 4% del PIB para la educación.
Fuente: www.perspectivaciudadana.com