Terminó el año 2013 donde metas, proyectos y sueños trazados mentalmente, tal vez fueron logrados y posiblemente otros postergados.
 
El ser humano existe y tiene vida propia precisamente porque sueña y plasma en realidades sus objetivos.  Así vivimos y así nos comportamos. Debemos aprender a vivir no como marionetas del destino, si no como entes propios, indivisibles, calurosos, emocionales y delicadamente expuestos a la contingencia de la realidad que nos envuelva.
 
Quiero aprovechar este breve espacio del nuevo año 2014 que se inicia con todo su potencial, para estimular la capacidad de cada quien a la reflexión de su realidad y a la que le rodea como ente social, para que la individualidad en el accionar de su cotidianidad sea echada al zafacón con el entendimiento de que participando es que se logran las grandes conquistas.
 
Que la invocaciones a Dios, no sean simples mecanismos de protección al miedo a lo desconocido, si no, un verdadero ejercicio de vocación y de fe.
 
Que la solidaridad sustituya la caridad porque con ella de manera lineal se contribuye a moldear nuestro comportamiento y a darle sentido al reconocimiento de la existencia de la desigualdad social y la contribución que de manera individual podemos dar para combatirla.  
 
Que nos tracemos metas, no de absoluta rebeldía sin sentido, si no de conciencia colectiva contra todos y cada uno de los actos que tiendan a alienar nuestro comportamiento.
 
Que seamos generosos, pero no para dilapidar lo que la suerte y el trabajo nos ha otorgado, si no generosos con el saludo, con aprender a discriminar a los justos de los impíos, a la lealtad de la deslealtad.
 
Desmantelar la careta de los que la esconde en falsos pronunciamientos dogmáticos y clericales, y que pretenden comprar nuestra conciencia con valores materiales, escondiéndose tras designios supuestamente premonitorios y místicos. 
 
 
Aprendamos a convivir aunque si cejar en no dejar que la individualidad y el apego a anti valores que ha venido normando el comportamiento de autoridades y funcionarios electos nos castren la capacidad de aprender a elegir. 
 
Luchemos por la paz, la lealtad, contra la intolerancia y porque los derechos humanos prevalezcan como parte de nuestros valores constitucionales.
 
Con el ejemplo de Nelson Mandela, Ernesto Che Guevara, Manolo Tavárez Justo, Las Hermanas Mirabal, la madre Teresa de Calcuta, el papa Juan XXIII, y tantos otros y otras que han tenido la gallardía de reconocer sus errores con humildad y legar con su sangre postulados que se han convertido en leyendas, hagamos de este 2014, un camino a la reivindicación.